30/10/11

En 119 palabras:

El Bonito del Norte estaba descansando, igual que la Caballa del Sur, sobre el frío mármol, a la espera de que la Persona del Medio decidiera cuál de los dos iría sobre los tomates en rodajas. Y desde sus respectivas perspectivas, el precioso tomate que casi les separaba tenía una forma sospechosamente similar a la de un corazón.

Quizás la Persona del Medio, que vio su cena rica en proteínas y vitaminas reducida misteriosamente a únicamente vitaminas, se consolaría si supiese que Caballa del Sur y Bonito del Norte decidieron escapar por la ventana de la cocina para empezar una hermosa historia de amor. Y es que, antes de aquel día, el supuesto abre-fácil no había tenido verdadera utilidad.




1/9/11

Lo que ahorro en psicoanálisis: Yo fui feliz, pero ahora, como que no

He tenido el mejor de los ataques de risa en mucho tiempo...

12/8/11

Llorando de cansancio

1
Lloraba en el metro antes de un cumpleaños y me acordé de M. ¿Por qué lloraba ese día? Supongo que porque de nuevo creía que hacía la gilipollas y me acordaba de ella porque ve lo bueno, y me anima para que recuerde y escriba. Otros también.
Pues la otra vez que lloré porque me acordé de M fue en una entrevista de trabajo. Llegó un punto en que me preguntaron “¿qué diría tu mejor amigo de ti?” y yo me acordé de ella, que por entonces estaba en Boston, y me puse a llorar. Estaba premenstrual. Las chicas fueron muy simpáticas, pero ya sabía yo que ahí se acababa la entrevista y las posibilidades si en algún momento las hubo. Luego me alegré de cómo había contestado antes otra pregunta inesperada (más inesperada que esta última). Era que si pudiera ser cualquier cosa que deseara en la vida, un trabajo ideal, si no hubiera límites (“olvídate de esto, de tu experiencia, formación, etc."), ¿qué trabajo me gustaría tener o qué me gustaría ser? Y dije que chica Almodóvar. N se moría de la risa, como que es algo que no tenía que haber dicho. Ah, pero a mí me pidieron que le echara fantasía...
Bueno, pues nunca sabré si contestar lo de Almodóvar era bueno o malo.
Me gustaría probarlo, ponerme a hacer entrevistas y a ver qué cara pone la gente (N me preguntó que qué cara pusieron; yo no me acuerdo).
2
Dónde he llorado:
– en el sofá de mis suegros
– en el autobús a Boston
– en Upiaiwashi y en el restaurante libanés, y en el Atril, y en el chileno
– en el metro
– en una cafetería
– por la calle
– toda la noche en mi casa el día del «no te enamores».
– En el tren de cercanías,
– clase,
– pasillos,
– departamento de lenguas,
– sala de profesores,
– despacho del director.
– En la entrevista, en la misma en que dije que quería ser chica Almodóvar.
3
En transporte público no sólo se llora. También se puede:
– dormir,
– desayunar,
– preparar clases,
– corregir,
– planificar tu vida
– planificar una novela,
– escribir a tus amantes, a tus amigos, de tus amantes,
– pensar,
– no pensar.

17/7/11

Crujiente por fuera, y por dentro y, más adentro, tierno

Mediante este acto del habla
que tan bien definió Searle en su momento,
os declaro a vosotros cinco,
churros recubiertos de chocolate crujiente,
mientras camino pizpireta hacia el hogar
dulce hogar mordisqueándoos,
mi cena.

Poble Sec, por poner un título

Una fijación que tengo desde hace un tiempo. Que tengo que ir a tomarme unas tapas al bar Zodiaco, en Carrer Blai. Y yo que aprovecho ayer una proyección sobre vidas privadas, usos públicos (o algo así) de un grupo llamado HomeSession, que leí en LeCool, y allá que voy yo interesadísima en esa zona difuminada entre lo público y lo privado, tan del momento.









Bueno, la foto me convenció más que cualquier explicación. Y podría rellenar mucho hablando de cada uno de los vídeos mostrados, a cuál más jugoso.

Pero en el viaje, en el camino, que mientras volando voy y volando vengo, sabemos que muchas veces casi que lo mejor es que me entretengo... [vale, mejor que los cortos, no], pues yo voy y me fijo, en los bares, los restaurantes, las bodegas...

Que la sesión de vídeo-arte es en el número 68 de Poeta Cabanyes, y que mientras subo en dirección montaña, me empapo de la belleza de la calle y los edificios, y me encuentro que es allí donde tomé unos vermuts con Marcos y Neil en Quimet&Quimet, que ya me sonaba a mí la calle y no sabía de qué.

Que cuando salgo del evento, que prometía vino y jamón, pero que chica, si yo no conocía allí a nadie y todos bebían cerveza, no iba a ponerme yo así en jarras delante de la encimera diciendo "¿para cuándo ese vino y ese jamón?". Así que me largo a "explorar" el barrio. Y paso por el Zodiaco de mis deseos-fijación, que paso por Carmesí que me parece de lo mejor, porque miro, no sólo la decoración, sino los platos que sacan, y los que están en las mesas, y bueno... está adjudicado.

Muchos, muchos más sitios interesantes. Más o menos sofisticados pero cada uno con su gracia. Otro que he visitado en dos ocasiones, dos vidas distintas e igualmente extrañas, y ahora visito en su tercera vida, por cariño, por costumbre. Y le pregunto al chico, ¿hace poquito que estáis aquí? Una semanita. Uy, qué bien me ha salido, como si viviera en el barrio mismamente. Le dije que le haría propaganda, pero bien pensado, para eso tenía que haberme llenado la copa de vino un pelín más, que entre lo elegante y lo chabacano hay varias gradaciones intermedias. Ya me estoy oliendo que habrá una cuarta vida en ese local. Si no fuera porque parece que una maldición lo acecha, lo cogería yo, mira lo que te digo. Aunque ya te digo yo que sé cómo quitarle la maldición, un poco más de originalidad y abundancia en las libaciones. A su favor diremos que... pues es el único sitio donde le apetecía entrar a tomarse un pincho una soltera de oro como una servidora. De oro en el sentido de desaprovechada, claro.

Otros locales interesantes, no en tan buen sentido, de haberlos también haylos. Desde aquellos que son entre disco-pub y salón-recibidor, y cosas similares como casas pero con escaparate (se diría que no hacía falta ir a ver vídeos sobre la delicada frontera entre lo público y lo privado), hasta un local que hace esquina casi llegando otra vez al Paralel, con pinta de restaurante de filete y pulpo, que anuncia en pizarra entre dos puertas: "Nou local de copes Ca l'Eusebio. Nosequé* y coctelería". Y el dibujo de un cóctel que al lado dice "Piernas largas", que digo yo que será el cóctel especialidad de la casa, porque Nosequé, coctelería, y piernas largas... así todo junto... serían demasiadas pistas para otro tipo de local. Y que la terraza en punta estaba llena de público moderadamente respetable, y eso me tranquiliza. Pero bueno, que todo ese berenjenal se llame coctelería, pues qué quieres que te diga... No sé. Aunque seguramente durará más que el de las 3-4 vidas. Cuando llegue a la séptima entonces voy yo y lo traspaso. Será el negocio definitivo.

*definitivamente, había otra palabra, pero no recuerdo cuál.

Pero de los sitios interesantes en el mal sentido, el que se lleva la palma, suertudamente, se la lleva ya de camino a casa. Ese bar de toda la vida, que se llama "Bar Andrés, el rey del bocadillo", y que miras para adentro, y ves, detrás de la barra, una china con cara de empanada, mirando fijamente a un punto indefinido allende la barra. Un sólo cliente apoltronado en la misma barra, un hombre de edad avanzada y alcoholizada también. Y el chino, al lado de la china, no mira mucho más allá de ella, y tiene el dedo metido en la nariz. Como pa' entrar y pedirle unas croquetas. Menos mal que me he tomado el pincho de tortilla con el vino escaso, porque si para entonces estoy todavía con el gusanillo en el estómago, rápido me monto yo en el metro y al llegar a casa me frío un huevo o repesco del congelador alguna hogaza de pan olvidada quién sabe cuándo y la parto con un pica-hielos estilo Instinto básico y a la tostadora va que se las pela.

Tú dirás.

Total que, de momento, el bar Zodiaco, en calle Blai, queda aún pendiente, el Carmesí, misma calle también, pendiente para mí, que no para otras. Y el que sí hemos probado Julia y yo, y muy satisfechas que nos hemos quedado de la relación calidad-precio (esa cosa tan actual como la dualidad público-privado, pero que se podría decir de forma mucho más simple), y amabilidad, eficiencia y de tó de las camareras, ha sido La Soleá, en una esquina de la plaza del Sortidor.

Hale pues, ¿qué haces que no te duermes ya, Pepita?

12/7/11

Manel en el Grec

Vamos a ver.

(La crònica del concert de Manel al Grec).

Hay que decir que fui también a verlos a Rubí, en el anfiteatro del Castell, y buen emplazamiento que era, y mucho que nos reímos. Guillem comentaba que había que saludar al tren cuando pasara, y no supo que justo al final de aquella canción, efectivamente pasó, y la gente saludó. En otro momento dado, volvió a suceder, en un momento adecuado y dijo: "molt bé, molt bé, no m'en havia adonat".
En esta ocasión, aunque cerca del escenario, como mi camarita no da para mucho, las fotos no son como pa pegar saltos. Pero las del lugar mientras era de día, pues oye... Allá que llegué yo media hora antes y me tomé un vino blanco "Corazón Loco" de Fuentealbilla paseándome por los jardines como si fuera la emperadora.





Y allá que en la entrada repartían desodorantes de propaganda, hecho que más adelante Guillem aprovechó para hacer el chiste que ya todos hicimos a la entrada. En la pausa de "Aniversari" que hace para pinchar a la gente que tiene ganas de decir "Que demani un desig!", pues dijo, "ara és el moment d'anar al lavabo, de posar-vos una mica de desodorant si ho creieu convenient..."



Cuando la cosa se quedaba callada, siempre había algún tío que gritaba "guapo!" y cosas que no llegué a entender, o que sí, "per mi el Maymó" (Martí Maymó, se entiende). Otra cosa que entendí, aparte de "guapo", fue una niña que respondía "guapa" y otro que dice "¡que se besen!". Yo no, yo solo hice "fiu fiu" (que tengo poca potencia, pero con el silencio se oyó incluso) cuando Roger Padilla hizo su solo final de "Dolors" que me vuelve loca. Loca.





Abajo- esto significa estar en la fila 1 seient 1: aquí a la derecha de mi pierna el reposabrazos colidante con el asiento cero.

23/5/11

Hoy me he caído de culo en el súper.

En uno de ellos.
Porque yo soy antigua en una cosa: que en supermercado me gustan más los lácteos, y en el otro los productos de limpieza… pues hale, de uno a otro, que en la variedad está el gusto.

No soy antigua en lo de ir a los mercados de verdad. Sostengo que las vendedoras me engañan, pero es natural que guarden los productos buenos para los clientes fijos y la pardilla que lo intenta de vez en cuando no se va a llevar lo mejor. Así que, como no me veo decidida a pararme en una parada cada sábado hasta que me conozca (elige parada, qué estrés), pues sigo haciendo el yo me lo guiso yo me lo como (yo me lo cojo de la estantería y yo lleno el medio ambiente de perniciosas bandejas de poliestireno, mal que me pese).

Otra cosa antigua que tenía era que usaba un carro de la compra. Pequeño, plegable, lo que quieras, pero carro de la compra. Hasta que se rompió el segundo y digo: "pues ahora con estas bolsas tan guapas y tan gansas y tano resistentes que tengo de todo tipo de establecimiento que las regala como publicidad, pues me voy a arreglar".

Además, llevar carga fortalece los huesos. Vale, sí, pero tendría que ser en pequeñas dosis.

Así que hoy he ido al súper 1, y he llenado una bolsa de tela de las cosas pesadas (pocas, pero una era detergente líquido). La bolsa buena de plástico, de cosas sin peso. Bien. Vamos al súper 2. Dejo ambas bolsas en la taquillita.

Dentro, lleno la bolsa más grande y resistente de muchas cosas, algunas pesadas. Y luego compruebo que más pesadas de lo que parece. Con la bolsa grande y pesada en un hombro y la caja de 6 cartones de leche me encamino a la taquilla. La otra bolsa pesada va en el otro hombro. La que no pesa, no importa, pero es de mal llevar (sin contar el efecto colateral de que si me ves luego por la calle parezco una homeless). En eso que me agacho, doblando las rodillas para coger la caja de leche, y cuando me estoy levantando noto que se me va el equilibrio, que me estoy cayendo para atrás. Y prefiero volver a doblar las piernas dejándome caer sobre el culo. Reboto y me quedo sentada. Ese hombre que entra y me ve sentada (y además obstaculizándole el paso). Esa señora que me agarra de la mano y le dice a la nieta: "la señora se ha caído porque llevaba mucho peso".

Y si no me conocieras dirías que soy una sílfide (esquifida, i escanyolida, se me ocurren en catalán ahora unas palabras más adecuadas). Canija, enclenque… ya lo vamos pillando.

Pues no, pero que sí, que es hora de adquirir un nuevo carro de la compra o usar esa maleta que quiero jubilar... a ver si la acabo de rematar. Ya.