12/8/11

Llorando de cansancio

1
Lloraba en el metro antes de un cumpleaños y me acordé de M. ¿Por qué lloraba ese día? Supongo que porque de nuevo creía que hacía la gilipollas y me acordaba de ella porque ve lo bueno, y me anima para que recuerde y escriba. Otros también.
Pues la otra vez que lloré porque me acordé de M fue en una entrevista de trabajo. Llegó un punto en que me preguntaron “¿qué diría tu mejor amigo de ti?” y yo me acordé de ella, que por entonces estaba en Boston, y me puse a llorar. Estaba premenstrual. Las chicas fueron muy simpáticas, pero ya sabía yo que ahí se acababa la entrevista y las posibilidades si en algún momento las hubo. Luego me alegré de cómo había contestado antes otra pregunta inesperada (más inesperada que esta última). Era que si pudiera ser cualquier cosa que deseara en la vida, un trabajo ideal, si no hubiera límites (“olvídate de esto, de tu experiencia, formación, etc."), ¿qué trabajo me gustaría tener o qué me gustaría ser? Y dije que chica Almodóvar. N se moría de la risa, como que es algo que no tenía que haber dicho. Ah, pero a mí me pidieron que le echara fantasía...
Bueno, pues nunca sabré si contestar lo de Almodóvar era bueno o malo.
Me gustaría probarlo, ponerme a hacer entrevistas y a ver qué cara pone la gente (N me preguntó que qué cara pusieron; yo no me acuerdo).
2
Dónde he llorado:
– en el sofá de mis suegros
– en el autobús a Boston
– en Upiaiwashi y en el restaurante libanés, y en el Atril, y en el chileno
– en el metro
– en una cafetería
– por la calle
– toda la noche en mi casa el día del «no te enamores».
– En el tren de cercanías,
– clase,
– pasillos,
– departamento de lenguas,
– sala de profesores,
– despacho del director.
– En la entrevista, en la misma en que dije que quería ser chica Almodóvar.
3
En transporte público no sólo se llora. También se puede:
– dormir,
– desayunar,
– preparar clases,
– corregir,
– planificar tu vida
– planificar una novela,
– escribir a tus amantes, a tus amigos, de tus amantes,
– pensar,
– no pensar.