9/12/13

Este noviembre



mi zona lumbar
lo que hay dentro
Me acuesto muy cansada, de lado que es como más cómoda estoy, después de tomarme como 7 pastillas con una cena de 2 plátanos y un yogur. Es más de la una, he tenido un día intenso y cansado. Echo de menos mi ritual de leer antes de dormir, pero me da la sensación de que hoy voy a caer rendida, como las últimas noches, las últimas semanas. Me quedo pensando, mi cuerpo está cansado y quieto, compruebo la sensación de relajación en las piernas, el adormecimiento, pero hay unos pequeños tics que saltan por todos los músculos de los brazos y la espalda.  


Mi relación con la industria farmacéutica se relaja por un lado y se estrecha por otro. Dejo de traducir protocolos de ensayos clínicos desde que hace tiempo que estar sentada en la silla de trabajo es un suplicio, y en cambio me tomo uno de los específicos para el cual más documentos he traducido, pregabalina.

Por agosto. Después de que la silla fuera un suplicio, intenté trabajar sentada en el sofá, para que en poco tiempo esta postura quedara también ligada al dolor lumbar. Luego traduje de pie, mesa sobre mesa, hasta que mi espalda quedó demasiado cargada para eso también. La última novela que traduje, una perla y un caramelo, la acabé tumbada en el sofá con las piernas dobladas para aguantar el ordenador. Y el descubrimiento tardío, tras tres meses de supuesta lumbalgia y de oír consejos de propios y ajenos, terapias y rehabilitaciones de los que salí peor que entré, de la hernia voluminosa que ahora no se puede operar hasta enero como muy pronto. Y la baja. Que cuando me enteré de la hernia yo pensaba, ilusa de mí, que en navidad ya estaba operada. Pero no, y más de tres meses de baja ya me parece demasiado.

Que desde agosto me dolía mucho, mucho más de lo normal en la lumbalgia. Que mi madre vino en septiembre a cuidar de mí porque me notaba deprimida por teléfono. Y yo aún pensaba que mejoraría, con ejercicio, con descanso. Que iba a descansar y no trabajar si eso me arreglaba el problema. Que estudié todo lo que hay para estudiar sobre lumbares y normas posturales. Que en octubre fue cuando me hice la resonancia, al fin, después de la rehabilitación (administremos bien esta seguridad social, señores), y que el 7 de noviembre, este noviembre fuerte, mi doctora se entera y me comunica que tengo hernia discal voluminosa y me manda de forma preferente a una primera visita con un neurocirujano. Cita que pido en el mostrador de afuera, después de dejarme la chaqueta dentro de la consulta y que la chaqueta desaparezca para siempre (cómo está el personal).

Que como es preferente, espero que me avisen pronto y aún espero ver a ese cirujano este, este noviembre. Pero pasan dos semanas y no, no oigo nada. Y cada vez puedo hacer menos cosas, camino menos, me agacho menos o peor, hago piruetas lentas para cada tarea, lloro a menudo por sentirme inútil, inútil en verdad me siento, y me siento incomprendida, sola. Casi maltratada. Un día llamo al hospital y después de varias gestiones me informan de que mi cita está registrada pero no hay nada para antes del 16 de enero. Casi muero. Le pregunto a la secretaria. Lo único que puedo hacer, si creo que estoy peor, es ir a urgencias, y decir que tengo esta cita.

Esa tarde intento digerirlo. Pienso, ¿me espero? ¿voy a urgencias? Hoy, viernes, día de mi cumpleaños, me levanto y mi pierna derecha responde menos que nunca. En la cocina, preparando el desayuno, me agarro al armario encima de la cocina y lloro de impotencia. Grito.

Pero no voy a urgencias. Aún pienso si será lícito, si estará justificado. Me pregunto si puedo esperar dos meses a ver al cirujano, si me puedo quedar inútil de esa pierna. Nadie me ha hablado de esto. La idea me grita: no me ha visto ningún especialista desde que estoy peor, desde hace agosto, hace 4 meses. Ni desde la contractura del verano anterior. Hay que ir a urgencias. Ya no tengo dudas. Nadie me lo cuestiona, y unos familiares básicamente me obligan. Me van a llevar el lunes por la mañana.

Y bien que hicimos.


(continuará…)

***
Y continúa:
Y escribo hoy (sábado de la semana que fui a urgencias) con énfasis y ganas porque el lunes fui a urgencias y me quedé tranquila porque me explicaron -por fin, un especialista- mi estado y por qué podía esperar al 16 de enero (en lugar de operar de urgencias). Me enseñó la hermosa hernia en la resonancia (“¿no la has visto”, pues no). Me probó una pauta de 6 medicamentos muy complicada y me hicieron algunas pruebas para el preoperatorio mientras la medicación me hacía efecto. Una inyección fue directa al glúteo dolorido, que así lo pedí yo, que fuera directo, y aquello dolió como no imaginaba.
El informe de alta me explicaba cómo tomar todo aquello exactamente y daba unas recomendaciones de sentido común pero que ningún médico me había hecho (como evitar los esfuerzos y levantar pesos con una faja -que de todas formas no voy a levantar, pero puede que sí me compre un corsé).

Los tres días siguientes con la nueva y complicada medicación estaba incluso peor, caminando poco con un dolor espantoso.

El martes por la tarde después de intentar descansar en el sofá una horita para luego ir al cine (que tenía entrada comprada para una proyección de Amanece que no es poco) fue lo peor de toda la etapa de dolor: no me podía apenas mover. Me costó Dios y ayuda vestirme. Pensé que no debía salir. Pero pensé, si me caigo por la calle, ya habrá alguien que llame a una ambulancia. Y si me quedo clavada en la butaca, estaré rodeada de gente simpática que… llamará una ambulancia. Y ya en el hospital me quitarían el maquillaje, porque me puse estupenda, estupenda, para contrarrestar el estado interno. Y allá que me fui cojeando, poquito a poquito, hasta Rambla Catalunya, que ya está decidido que es un viaje demasiado largo que se consideraría “esfuerzo”. Suerte que la butaca era gorda y comodona y yo de vez en cuando iba moviendo el piececito para notar el hormigueo. Y mucho que me reí y Ferràn Rañé (el hombre que brota, cojito para toda la vida) estaba sentado a dos asientos de mí y miraba sobre el hombre de mi lado para ver quién se reía de aquella guisa. Y a lo mejor la risa es milagrosa, pero cuando me levanté de la butaca, me levanté bien y caminé, con dolor, pero dolor normal, no con la desesperación de esa tarde. Y quise pedirle una foto a Ferràn porque yo era “cojita por una temporadita” y me hacía ilusión, pero me corté.

La vida siguió y el jueves por la noche lloraba desesperada por no poder soportar el dolor, que me quería morir. El viernes al despertar más lloros y casi le pido a mi madre que me venga a cuidar. Pero después de la dosis del mediodía se me pasa el dolor exagerado y me quedo con el normal (todo el glúteo bajando hasta la pierna, aún cojeando, difícil  moverme en la cama y sentarme). Se me abrió el cielo un poquitín. Supongo que o bien
1: eran necesarios 3 días para que la medicación hiciera efecto, o bien
2: la inyección que me pusieron en ese puto glúteo en urgencias fue la que me provocó ese dolor insoportable que duró 3-4 días, o
3: una combinación de ambos.

En cualquier caso anoche yo ya firmaba para quedarme así hasta el día de la consulta. Esta mañana me he levantado como siempre pero sin berrear, el típico dolor de glúteo y pierna en cama. Dobladita y cojeando por la casa, pero soportable, pudiendo agacharme sin hacer mucha pirueta. Y como mañana empiezo a aumentar la medicación que es para el dolor neuropático tengo bastante esperanza en poder resistir hasta el 20 que me iría al pueblo. Tres semanitas hasta irme, tres semanitas allá, y lista para la reparación, que espero sea inminente, inminente una vez me vea el cirujano.

Y hoy 16 de enero falta un mes para la cita y ya sé que me voy el viernes, que vuelvo el ocho y tendré una semana aquí para arreglar asuntos por aquí. Espero volver sola si me puedo manejar como hasta ahora. En los momentos desesperados que veía que cada día tenía menos movilidad pensaba que mi madre tendría que venir conmigo a hacerme lo básico. Espero y espero mucho, que no.

Feliz y saludable navidad os deseo de todo corazón.

***
Ya es el feliz año nuevo, querido diario.
Y el 25 de diciembre hará un mes desde que fui a urgencias, cuando el diagnóstico del alta fue lumbociaticalgia crónica reagudizada sin déficit motor.
Esa compleja combinación de analgésicos hizo efecto hasta exactamente el día 19, cuando el dolor de espalda convertido en dolor en culo y pierna al caminar que se aliviaba al calentarme se convirtió en culo más arriba y pierna más potente. Baja pierna de pie y sentada y nalga derecha me siente donde me siente, me acueste cuando me acueste, y acostada como me acueste. Todos los movimientos en la cama duelen. Y cuando antes podía estar aquí acostada escribiendo sin problema, ahora estoy escribiendo pero con el dolor en la nalga derecha. Otra vez, esperamos que no pase de aquí hasta el día 16. Después del 16, ¿cuándo me operarán? Me da mucho miedo saberlo. Pero quiero que llegue el día 16.

Hoy es 4 de enero, y mi postura cómoda se reduce a acostada sobre el lado izquierdo, aunque casi siempre me duele ya la pierna izquierda. No puedo estar acostada bocarriba porque me duele la nalga derecha. Se puede si lo hago en el suelo sobre una esterilla, porque el peso recae sobre la parte más alta del culo. Es una forma de usar el ordenador, y la que estoy usando ahora es sobre una cama dura, sobre el lado izquierdo, con el codo apoyado para levantar el torso y poder teclear. Ansío, además del día 16, el día 8 que regreso a Barcelona, porque creo que las tareas diarias me ayudarán a estar mejor, esos pequeños movimientos obligatorios, aparte de que tendré la televisión que me gusta y el acostado de lado será más soportable, porque, ya puestos, hay que decir que aguantar un libro en esta postura es cómodo a más no poder. 

***

15 de enero. 1 día antes del Día D
La zona lumbar veraniega del principio de la entrada con la que quise alegrar el panorama contrasta con las dos que siguen. Volví el 8 de enero, día de pocos viajeros por suerte, porque me tuve que estar todo el viaje con la pata colocada tal que así como abajo se muestra, sobre el asiento contiguo, el cuerpo todo lo reclinado posible contra el asiento. Curiosamente esto era del lado que me duele. Me costó una hora dar con esta postura. Ni sentada normal (horror) ni recostada contra el lado que no duele. Increíble. Cuando pillé esta postura, me dormí una hora (alabado sea el señor), posiblemente porque fue el punto en que hizo efecto la medicación del mediodía. Pero cuando me desperté, siguió siendo la postura mejor pero para nada exenta de dolor.


Así que el resto de horas, me entretuve viendo una película que no vería normalmente... y con esta carita en la que se observa el dolor, hastío, cansancio:


Bueno, pues no encuentro la foto de mi piel reluciente y cintura más o menos en buen estado dentro de mis posibilidades así que aquí lo dejo hasta que tenga noticias mañana de cuándo será mi reparación... ay qué ilusión! 
:)
¡Qué fuerte, que te hagan aguantar tanto el dolor hasta el punto de que te haga ilusión entrar en el quirófano!

***
Presunto Día D
Después de dormir sólo a trozos y levantarme a las 7.30 porque ya no podía aguantar más. Tan temprano que me levanto y voy y me equivoco en el metro, que tenía que ir directa y he hecho transbordo para ir a otra parte del hospital que no era la mía. Patachula vuelta atrás. Que vuelvo a perderme dentro del hospital, que me he metido en la parte de los ingresados (podría haberme metido en una cama a ver si colaba). Renqueando que llego al lugar, que viene mi turno. Y el señor doctor Muñoz, tan joven, me hace las preguntas de siempre, las pruebas de siempre. No, no he perdido la fuerza de las piernas ni los reflejos, pero igualmente no es vida lo que estoy viviendo (le he dicho literalmente que "vivo sin vivir en mí").

-¿No tens mutua?             (la pregunta del millón)
-No.
-Per aquests casos...         (pues sí, si lo hubiera sabido)
                                   
Ganas de llorar.

Pero bueno, mira la resonancia, que es una "senyora hèrnia" quirúrgica. Que hay lista de espera, y yo pensaba de forma optimista que la lista de espera era ya la de los dos meses para la visita. ¿De cuánto, doctor? Pone esa cara de no querer decir número y dice que de 3 a 4 meses, pero que "es pot buscar un forat, perquè és una operació d'una hora".

Manos aguantando la cabeza mientras él iba buscando papeles para firmar consentimientos informados y para pedir la cirugía, el electrocardiograma, la anestesia. Le he llegado a preguntar el precio de la operación si la tuviera que pagar yo. 6000, que si llego a saberlo Este Noviembre me opero en diciembre, con lo que pierdo estando de baja lo pago. Ahora no vale la pena. Todo lo de arriba es el resto del preoperatorio, más ir a la clínica del dolor para que valoren hacerme infiltraciones (esa cosa que a todo el mundo le han hecho, menos a mí). 


Me voy calmando o es que estoy como siempre, siempre esperanzada, esperanzas de que las infiltraciones me alivien el martirio, de que el hombre me haga el hueco de una hora. Es triste, triste. Pero es lo que hay. Voy a pensar. Pensar cómo aprovechar este tiempo. De momento es cierto que voy a estar echando viajes a Sant Pau, y ya no me equivocaré en el metro; al loro: sólo para recuperar el CD de la resonancia tengo que ir dentro de 5 días a preguntar (no, no puedo llamar) cuándo lo puedo recoger.  


Luego iré a electrocardiograma y anestesista el mismo día de febrero, de lo del dolor ya me llamarán, visita con el doctor otro día de feberero y para la operación ya me llamarán "según lo que indique el doctor". 


Forat, hueco, universo, please, que si quieren aprovechar las pruebas que me hicieron en octubre en urgencias tengo que operarme a finales de febrero. Porfi, porfi, porfi universo del dimoni.



28/7/13

Y cantar, cantar, cantar

La otra noche le contaba a Julia que cuando salió el single Tere Rampell me pasé todos los días hasta el lanzamiento del disco oyéndola una y otra vez, muchas. Antes de dormir, ponle cuatro o cinco, y al despertar, igual (y si me despertaba a mitad de la noche otro tanto). En total, que bien está que pase ya de la canción y es admirable y sorprendente que no vomite cuando la oigo.

Y ella dice que soy como los niños con las películas de Disney. Supongo que me estoy vengando porque cuando era pequeña no había de eso —películas habría en algún sitio del mundo, ¿no? Pero un reproductor en casa, no—. Bueno, recuerdo una amiga de mi hermana que tenía un tocadiscos que salía de un cajón de debajo de la tele y ahí oía cuentos de Disney (en disco, obviamente). Eso era el súmmum de la sofisticación para nosotras.
Lo que me ha llevado a pensar que lo que sí que había en mi casa era un magnetofón (casi todo el mundo tenía tocadiscos), y que mi padre cantaba tangos en su mesa de despacho. Y los grababa*. Y las niñas nos reíamos y hacíamos coros al tuntún alrededor.

Una vez que mi madre pasó muchos meses en Barcelona con mi hermano en el hospital, le grabamos una cinta para el día de la madre. Acabo de buscar la canción en YouTube y no me acordaba para nada de la canción original (ñoña donde las haya), ni dónde la oíamos, solo de nuestra “versión”.

“oh mamá, oh mamá, bendita sea tu bondad…” !!!  


Y ojo, que la otra única canción que recuerdo de nuestro “repertorio” y que estaba en aquella cinta, era Soy rebelde, de Janet. Que éramos pequeñas y en lugar de “olvidar el rencor” decíamos “olvidar el rincón” (qué sabíamos nosotras de rencores).

*Los genes no se pueden negar: ahí está mi afición por el karaoke casero. Mi padre también intentó aprender inglés con cintas, doy fe, y hacía judo (yo soy más de yoga, pero no me importaría pegar unas cuantas patadas bien pegadas).

20/7/13

Manel al Poble Espanyol


Me lo pensé, me lo pensé mucho para decidirme a comprar una entrada para este concierto Pròxims 2013. Era el único del verano en Barcelona. Relativamente cerca, pero lejos para mí. Un jueves, que el metro acaba a las 12 para más inri. Era festival veraniego y unas letritas en el cartel que lo anunciaba rezaban: "Benvinguts menors de edat". De las 19.30 hasta quién sabe cuándo. Y yo pensaba que me tendría que llevar un bocata y cantimplora, almohadita para el culo, o algo. Que no soy menor de edad, precisamente.

Pero un buen día me lié la manta a la cabeza y Atrápalo.com para qué te quiero. "I el dia va arribar, aquel que amb força ja esperavem...". El día de un julio agotador, por trabajo y por eventos sociales, que olvidaba yo que eso pasa en julio. Que me había despertado a las 8 para ir a mi intensivo de yoga y había caminado mucho, muchas veces, y me dolían los ojos, y que ya se sabía el orden de los grupos. Manel tocaría a las 00.30. Genial.

Como había investigado los otros grupos y había visto que algunos me hacían tilín, y resultó que los que más tilín me hacían eran los primeros, estaba jodida. Hay que decir que entre pitos y flautas llegué cuando estos chicos, Bremen, estaban acabando. Pues haberlo pensado mejor, nena, y haber ido hacia las 22.00, dirás. Pero no, no podía ser. Porque si había un grupo que no me hacía ningún tilín era Dorian, que iba justo delante de Manel, y entonces, eso no tenía gracia. Suerte que pude ver a los segundos, Mine! (not bad, diver), y los terceros, The Free Fall Band, que me gustan mucho, creo que mucho.

De Dorian no quise ni ver la pinta que tenían. Pop electrónico, oí después en TV3. Bien está saber qué es lo que no te gusta. Confieso que me senté en uno de los pocos lugares donde había un foco de luz, y leí un trozo de una traducción que tengo entre manos. No, no es que tuviera que entregar el día siguiente. Es que no me quería aburrir. Desde las  20.30 de la tarde hasta las 2.00 de la mañana hay muchas horas para pasear, estar de pie, y sentarse en suelos y escaleras, a mi edad.

Cuando ya estaba acabando el concierto previo, me inquietaba y me acercaba al foro. Mientras los tíos y tías del backstage cambiaban el escenario y un calvo probaba todos los instrumentos, yo pululaba entre la ya agolpada multitud. Los sentados que alfombraban el suelo, y los de pie que abrían un abanico desde el escenario.

Y bien, por suerte no me decepcionaron, sino que me sorprendieron muy gratamente. Teniendo en cuenta que en el nuevo disco, aparte de Teresa Rampell, las canciones son (según el Artur Mas de Polonia y mucha gente más, presumo) "ensopidas", vaya fluidez que me sacaron. Las cantaban todas más rápido que en el disco (muy bien hecho), y te juro que yo bailaba. Bailaba. Los jóvenes saltaban. Yo bailaba como en una discoteca. Sí. 

Estaba yo hacia la izquierda, entre cabezas y hombros más altos que yo buscando mi huequito, cuando lo hubo, lo hubo. Pero el huequito estaba entre muchas parejas. Supongo que por eso dejaban huequito, al abrazarse tanto. Pero tuve que largarme en busca de un nuevo huequito cuando un parejo le contaba a la sufrida pareja: "A mí el que m'agrada de Manel ...[imagínese el topicazo next]". Buscaba desesperadamente gente suelta, a poder ser de género masculino. Y me quedé entre unos de estos y otros del género parejil. De nuevo, el  parejo era el fan, que le decía a la pareja: "ai que no t'agrada, ai que em sap greu, ¡aquí hi ha una que no li agrada!". Pues no haberla arrastrado contigo, puñetero. Y este tío cantaba muy alto y otro que tenía al lado, sin pareja, también. 

Al final, la ley de la fan empedernida prevaleció, justicia divina, y conforme los diletantes se iban retirando, yo aprovechaba pa acercarme y dejarme un aura alrededor (no, no es que pegase codazos ni que me olieran los sobacos, qué va) pa mí sola.

La primera fue Bruixot. Lo que más alegría me dio es que por primera vez no parecía que presentaran un disco, que me da mucho palo, yo quiero que canten otras canciones. Y cantaron todas las del nuevo menos "Fes-me petons", que tiene su gracia, pero no sería pa bailar. Sí cantó el pobre Roger la del niño y el padre (fíjate que no me acuerdo del título) y creo que a partir de ahí, si tenían pensado hacer "els petons", la tacharon de la lista. En cambio, todas las demás fueron sublimes. ¡Qué voy a decir yo! Y la gente las cantaba, como siempre. Y yo me emocionaba, como siempre. 

Cantaron también La gent normal, para felicidad del personal, Dolors, imprescindible, con el añadido final de Roger que solo yo y otra persona sabíamos ;), Al mar (que me la suda), La cançó del soldatet, Boomerang, Benvolgut (creo que la más amada por el público), y cuando se despidieron, faltaba alguna, y empieza el "es una broma, ¿no?" y "No n'hi ha prou", y "que tragui l'ukelele"... 

Pero yo sé que tienen apuntados los bises. Y que una vez hagan los bises (que no son bises) ya puedes pedirles arroz, Catalina, que no van a volver a salir. Pero el público es sabio, educado, y está cansado, y después del estupendo "resopó", salió en orden (igual también influyó que la megafonía soltase una canción de Perales, "y te has pintado la sonrisa de Carmín..." -ejem.)

La que me faltaba tras el presunto final, era "el directiu" (de esta, hay que decir que, como en Al mar, me sobra el estribillo, pero el resto es simplemente genial). Y la cantaron, la cantaron. No recuerdo cuáles más, ahora solo recuerdo una bellísima En la que el Bernat... que, en contraste con el resto, fue lenta y diferente porque no hay ukelele. Pero que la gente cantaba igual, adaptándose al plan cantautor, haciendo los silbiditos y luego con la ancestral cola del "pom, pom, pom,  popopoó pom pom".... "que t'acompanyava un indiviiidu molt aaaaalt". Este estribillo sí que mola.

Y como es lo último que recuerdo, y a falta de una muestra de este directo, pongo otro de Pamplona donde el fenómeno público se observa bien. 

Mira que nos gusta decir "Qué bonic, qué bonic, qué bonic...".




PD: Mi única pega es, siempre, que no canten Ceràmiques Guzman. Me juré que si la cantaban me compraba la camiseta (tenían talla M, que es pequeñica), pero si no, castigo. Castigados quedan por ese lado. :)



3/7/13

El día de los tres asesinatos


Tres crímenes hubo.

Primero en la novela que estoy traduciendo.
Luego en la que estoy leyendo, una vez en la cama.
El tercero sucedió a eso de las 4 de la mañana en mi alcoba, en las circunstancias que siguen:

Había yo cerrado todas las puertas de balcón y ventana con cierta antelación a mi encamamiento. No recuerdo si eché spray matamosquitos ni si puse el ahuyentador eléctrico un rato mientras leía. Son precauciones que he de tener en cuanto empieza a hacer la calor, que decía el poeta. Valga decir que esta primavera ha sido fresca y el recién estrenado verano es cálido, pero refresca de noche. Los mosquitos son acérrimos enemigos de mi persona. Cuando menos te los esperas, cuando ya crees que es imposible que se puedan colar por rendija alguna o que quede alguno vivo dentro de tu hábitat de reducidas dimensiones, ¡bam!, aparece alguno de tamaño mota de polvo pero cabrón como el que más.

En esta ocasión, tras la lectura de rigor me di media vuelta en la cama y me tapé, aún con colcha, que una vez apagas la luz, tanto calor no hace. Tapadita estaba yo y a buen recaudo antimosquitos, pensaba yo, durmiendo como una bendita.

Como empecé a relatar arriba, a eso de las cuatro (que eso decía el móvil que uso de despertador cuando acabé la batalla campal), me despertó un picor familiar y un ruido que me exaspera: «meeeeeeh-eeehhh». Yo no oigo zumbidos, yo oigo un «meeeeh-eeeeh» aterrador. Cuando esto sucede, suelo insultar al mosquito en cuestión, mayormente con la palabra «cabrón». Suelo darles caza con lo que sea (incluida una paleta de las que sirven para este fin, si está a mano). O, si les pierdo la pista, como suele ser el caso, porque ya digo que son como motas de polvo, con el spray. Como motas pero con mucha energía, y que muerden con ahínco.

Esta vez lo que pasó fue que estaba yo en posición digamos fetal, de lado (difícil sería poner posición fetal boca arriba o boca abajo), y solo tenía descubierto un trozo de la espalda. Pues el susodicho mosquito me fue a morder ahí justo en la paletilla. El habón que luego vi en el espejo seguro que tenía un área de millones de veces el tamaño del atacante (millones o miles, que muy de números no es una).

La cosa es, a ver si me dejo de ir por los cerros, que fue cuestión de segundos: notar el picor, oir el «meeeee», darme la vuelta instintiva y enojadamente, y dejarse de oír el «meeeee». Cosa que me hizo pensar en que no necesitaría buscarlo, ni levantarme a por el spray. Me había vuelto casi tan rápida como mi enemigo. Tampoco me importó mucho buscar si efectivamente había un cadáver o si se estuviera haciendo el muerto para burlarse de mí. Pero sí, eché una mirada a la almohada, me levanté y eché insecticida, levemente, por si quedase algún rastro del mordedor o de otro compinche. Para mirarme el habón de la paletilla mientras se difumina un poco el pestazo a insecticida. Y claro, luego te acuestas y te empiezan a picar otras partes, ora el tobillo, ora un muslo posterior, ora otras partes poco inaccesibles a mosquitos mota. Y para volver a dormir acabas necesitando volver a coger ese libro, y haciendo la nota mental de nunca jamás ya dejar de poner el ahuyentador eléctrico, por muy cerrado y hermético que te parezca el búnker.

Definitivamente, los odio.

9/5/13

Paraula de Manel


Recordo que quan vaig copsar la simplicitat directa de Ceràmiques Guzman, el valor de dir que els guapos desafinen, o la veritat profunda i tristament cuotidiana de Maries i Marcels que fan glops a les respectives canyes, la celebració-acceptació perfectament poètica de la fi de l'amor de Dolors, vaig pensar que ja veuriem qui seria el guapo que ho superés.

I va venir la impressionant i lírica complexitat de Benvolgut. Senyors estranys i iaies estranyes, joves educats i joves erectes, déus i ajudes, salts infinits i saltirons. Soldats i professors, savis consellers i bruixots, inspectors i detectius, secretaries i depenentes, nens petits i pares, mans i esquenes, dits poc senzills, somriures i vianants, coi de metges i collons de gatets. Terrats i timpans destrossats, dones estrangeres, tiets i desconeguts benvolguts, barrets estranys i barbes llargues, adolescents i bancs de parcs, inquilins de pensió que fan glopets al té de la mestra del quart.

Paraules màgiques, i no, que ho arreglen tot, o no. Plans d'hemisferis cabrons dels cervells. Turmells i cabells i talons i malucs.

Ai sí, com ens calien xulos i macarres!

No pareu, no,
però sempre, sempre, recordeu
Ceràmiques Guzman
i que no s’acabi el bròquil. 


13/1/13

La niña que miraba

Lunes, 13 de junio de 2011 a la(s) 13:22 

La escena de escaparate en el Alsur Café, era esta:


Sólo he venido porque el otro bar más cercano a mi casa, donde voy algunas tardes cuando ya no me motiva trabajar en casa, está cerrado. Y sé que aquí hay WiFi.
Primero, los niños pequeños se suelen quedar mirándome a menudo, no quisiera indagar el porqué, que me lo barrunto. Pero hoy además, la escena era como tan ... femenina.
Yo, con mi camisa rosa de diner, con mi netbook, y mi copa de vino blanco, y mi móvil rosa, sobre la mesa. Pero no me quiero engañar, la niña no estaba mirando a las cosas rosa, ni al netbook, pobrecilla de dos añitos. Me miraba a la cara.

Vale, puede que no sea negativo y puede que vea tantas emociones. Y puede que el rosa de la camisa esté suficientemente cerca de la cara para que la niña se quede encantada. Ella me encantó a mí también, hay que admitirlo.

Que no es que sea el reloj biológico, no... pero chica, los niños pequeños tienen algo. Que no quiera (o no me atreva a) tenerlos, no implica que no me gusten y les vea la gracia. 

Otro día en un escaparate similar, desde mi biblioteca, subiendo las escaleras al segundo piso, ventanal que da al patio de una guardería. Un niño cogiendo un balón. Le miro, le sonrío, el se queda plantado con el balón entre las manos, mirándome mientras subo. Me quedo "hablándole" tras el cristal dos segundos, y luego me doy la vuelta mientras subo el otro tramo para decirle adiós.

Tres películas para un enero

Por fin hay tres que quiero ver sí o sí. 

A pesar del 21% de IVA, voy a ver las películas que quiero ver de forma compulsiva.
Mañana me toca la segunda, The Sessions, antes de que salga de cartelera. La tercera será The Master, que desde que leí una reseña de Neil Innes en Projector Magazine hace mucho ya la puse en mi lista. Era fácil decidirse; si Paul Thomas Anderson ha hecho Magnolia y Boogie Nights es uno de mis hombres.

De factura más cercana (y más cercana a la vida cotidiana) es la que sí he visto ya, Una pistola en cada mano, de Cesc Gay. En la línea de siempre, no apta para machotes de tiros y explosiones ni para impacientes (y fue un reto ir aquel lunes, cuando estaba supernerviosa y cansadísima: pues no, no me dormí). Porque es primero uau, después "no sé si..." y después una semana de recordar detalles o escenas al despertar.

La tira de actores es fenomenal:

Me han sorprendido gratamente unos cuantos, como Leonardo Sbaragglia, Eduardo Noriega y mi favorito, Eduard Fernández. O su personaje, como él mismo se define, un "desgraciado global". Eso ya paga toda la  película. Entre ellas, Clara Segura está de miedo.