Sólo he venido porque el otro bar más cercano a mi casa, donde voy algunas tardes cuando ya no me motiva trabajar en casa, está cerrado. Y sé que aquí hay WiFi.
13/1/13
La niña que miraba
Sólo he venido porque el otro bar más cercano a mi casa, donde voy algunas tardes cuando ya no me motiva trabajar en casa, está cerrado. Y sé que aquí hay WiFi.
Tres películas para un enero
De factura más cercana (y más cercana a la vida cotidiana) es la que sí he visto ya, Una pistola en cada mano, de Cesc Gay. En la línea de siempre, no apta para machotes de tiros y explosiones ni para impacientes (y fue un reto ir aquel lunes, cuando estaba supernerviosa y cansadísima: pues no, no me dormí). Porque es primero uau, después "no sé si..." y después una semana de recordar detalles o escenas al despertar.
Me han sorprendido gratamente unos cuantos, como Leonardo Sbaragglia, Eduardo Noriega y mi favorito, Eduard Fernández. O su personaje, como él mismo se define, un "desgraciado global". Eso ya paga toda la película. Entre ellas, Clara Segura está de miedo.
30/10/11
En 119 palabras:

1/9/11
Lo que ahorro en psicoanálisis: Yo fui feliz, pero ahora, como que no
12/8/11
Llorando de cansancio
17/7/11
Crujiente por fuera, y por dentro y, más adentro, tierno
que tan bien definió Searle en su momento,
os declaro a vosotros cinco,
churros recubiertos de chocolate crujiente,
mientras camino pizpireta hacia el hogar
dulce hogar mordisqueándoos,
mi cena.
Poble Sec, por poner un título

Bueno, la foto me convenció más que cualquier explicación. Y podría rellenar mucho hablando de cada uno de los vídeos mostrados, a cuál más jugoso.
12/7/11
Manel en el Grec
(La crònica del concert de Manel al Grec).



23/5/11
Hoy me he caído de culo en el súper.
Porque yo soy antigua en una cosa: que en supermercado me gustan más los lácteos, y en el otro los productos de limpieza… pues hale, de uno a otro, que en la variedad está el gusto.
No soy antigua en lo de ir a los mercados de verdad. Sostengo que las vendedoras me engañan, pero es natural que guarden los productos buenos para los clientes fijos y la pardilla que lo intenta de vez en cuando no se va a llevar lo mejor. Así que, como no me veo decidida a pararme en una parada cada sábado hasta que me conozca (elige parada, qué estrés), pues sigo haciendo el yo me lo guiso yo me lo como (yo me lo cojo de la estantería y yo lleno el medio ambiente de perniciosas bandejas de poliestireno, mal que me pese).
Otra cosa antigua que tenía era que usaba un carro de la compra. Pequeño, plegable, lo que quieras, pero carro de la compra. Hasta que se rompió el segundo y digo: "pues ahora con estas bolsas tan guapas y tan gansas y tano resistentes que tengo de todo tipo de establecimiento que las regala como publicidad, pues me voy a arreglar".
Además, llevar carga fortalece los huesos. Vale, sí, pero tendría que ser en pequeñas dosis.
Así que hoy he ido al súper 1, y he llenado una bolsa de tela de las cosas pesadas (pocas, pero una era detergente líquido). La bolsa buena de plástico, de cosas sin peso. Bien. Vamos al súper 2. Dejo ambas bolsas en la taquillita.
Dentro, lleno la bolsa más grande y resistente de muchas cosas, algunas pesadas. Y luego compruebo que más pesadas de lo que parece. Con la bolsa grande y pesada en un hombro y la caja de 6 cartones de leche me encamino a la taquilla. La otra bolsa pesada va en el otro hombro. La que no pesa, no importa, pero es de mal llevar (sin contar el efecto colateral de que si me ves luego por la calle parezco una homeless). En eso que me agacho, doblando las rodillas para coger la caja de leche, y cuando me estoy levantando noto que se me va el equilibrio, que me estoy cayendo para atrás. Y prefiero volver a doblar las piernas dejándome caer sobre el culo. Reboto y me quedo sentada. Ese hombre que entra y me ve sentada (y además obstaculizándole el paso). Esa señora que me agarra de la mano y le dice a la nieta: "la señora se ha caído porque llevaba mucho peso".
Y si no me conocieras dirías que soy una sílfide (esquifida, i escanyolida, se me ocurren en catalán ahora unas palabras más adecuadas). Canija, enclenque… ya lo vamos pillando.
Pues no, pero que sí, que es hora de adquirir un nuevo carro de la compra o usar esa maleta que quiero jubilar... a ver si la acabo de rematar. Ya.
3/3/10
Microrrelatos
Microrrelato 2
Piso pequeño.
Para suicidarme con butano no necesito meter la cabeza en el horno ni que me quede en la cocina.
Si cierro las puertas del baño y de la sala, y dejo abierta la de la cocina y la de mi cuarto, puedo echarme en la cama tan ricamente. Y funcionaría.
Venezia en la oscuridad (100 palabras exactas)
En el baño del bar Venezia, un cartel pegado en la pared dice (no sé si refiriéndose a la luz o la cisterna):
“Sé ecológico/a”;
y alguien ha añadido debajo a boli:
“e, o, u, a, sí, hola”.
Y me quedo sin luz de tan ecológica que soy y ¡ay, que no sé donde está el interruptor (por lo visto un piloto luminoso no es ecológico), ni por qué lado se abre la puerta! Qué mala la oscuridad total. Por allí palpando a uno y otro lado, joder, hasta que encuentro no sé si el interruptor o el pestillo.
Lo que transpira
No se sienta; creo que cree que no se lo merece. He visto la escena otro día. En la cafetería de la panadería, pide en la barra un croissant y un café con leche y se queda allí lo justo para tomárselo. Apenas se apoya en la barra siquiera.
6 copas
Marco las iniciales de los invitados con rotulador permanente en las copas de plástico desmontables, culo rosa por un lado, vaso blanco por otro. Sólo seis personas tienen copas con iniciales. Los demás beben de vasos de plástico normales. Un hombre pone sus iniciales incluso en ese vaso.
Hay
más de dos parejas, pero sólo dos con copas marcadas. Unas las marqué yo. Las
de la otra, ellos mismos. La de Maite tenía dos grandes emes redondeadas; y
faltaba la tercera eme.
Al
recoger la mañana siguiente, dos copas, las de Marcela e Iván, estaban juntitas
sobre mi escritorio. Las de Maite y Joan juntitas sobre la nevera. La de Maria
S, al lado del fax y tras una lata de coca-cola, con dos trozos de limón bien
entrelazados dentro. La mía aparece en el suelo, bajo la mesa, desmontada,
junto a unas manchas de vino reseco.
Microrrelato 4
Calle Martínez de la Rosa. Centro cultural estilo ocupa.
Muebles rescatados de contenedor y una nevera. Gente que espera a que pongan la
película. En un sofá, en sillas desparejadas. Una chica le pregunta a un chico:
—¿Cómo estás?
Y él dice que está deprimido con
una sonrisa de oreja a oreja.
Acaba la película y quitan el
panel que es la pantalla. Detrás se abre una puerta que da a un patio donde hay
una especie de pirámide hecha de lo que parecen ser espaguetis. Sobre la
puerta, un cartel de letras antiguas dice “La rosa de Martínez”.
Un chico pequeño, algo calvo, con
perilla y cara de simpático me mira. Lo miro. Intercambiamos unas palabras
dentro, otras palabras fuera. Me encanta, pero no sé qué hacer. Y no hago nada.
Me voy a casa y la he cagado. Igual que la cagué cuando no fui a aquella cena.
2/3/10
¿dormía?
Veo sonar el móvil
como un despertador
en mi mente.
No estaba dormida.
Veo la ventanita del móvil que se ilumina.
Sé que me avisa, pero no es azul como solía.
No tiene números y letras como solía.
Tiene unos dibujitos indescifrables en colores.
Uno es amarillo, verde o naranja.
Podría ser una cara, una boca en la base.
^ ^
x
mm
Parecido a la señal de electrocardiograma, dos arriba con picos.
Las cejas de mi cuñado hacen pico. Y sus ojos.
No, no me llaman, no es el móvil.
Es mi cabeza.
Me ha asustado.
Intento dormir.
Hace dos semanas que leo (a noches) El año del pensamiento mágico.
Hace dos días que mi cuñado salió de casa por la mañana y todavía no ha regresado.
Contraseñas y memoria
Desde que abrí la cuenta corriente en Barcelona en la segunda caixa de mi vida, tuve apuntada la contraseña de la cuenta online en una chequ...
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Hoy me he levantado feliz. Un poco de descanso, un poco de no hacer nada –tan necesario–, un poco de escribir. Un mucho de cantar –ayer tard...
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—Mira a ese hombre que entra con el conejo de peluche. Se subió un día a mi autobús cuando salía del trabajo en la oficina del correccional...








