20/7/13

Manel al Poble Espanyol


Me lo pensé, me lo pensé mucho para decidirme a comprar una entrada para este concierto Pròxims 2013. Era el único del verano en Barcelona. Relativamente cerca, pero lejos para mí. Un jueves, que el metro acaba a las 12 para más inri. Era festival veraniego y unas letritas en el cartel que lo anunciaba rezaban: "Benvinguts menors de edat". De las 19.30 hasta quién sabe cuándo. Y yo pensaba que me tendría que llevar un bocata y cantimplora, almohadita para el culo, o algo. Que no soy menor de edad, precisamente.

Pero un buen día me lié la manta a la cabeza y Atrápalo.com para qué te quiero. "I el dia va arribar, aquel que amb força ja esperavem...". El día de un julio agotador, por trabajo y por eventos sociales, que olvidaba yo que eso pasa en julio. Que me había despertado a las 8 para ir a mi intensivo de yoga y había caminado mucho, muchas veces, y me dolían los ojos, y que ya se sabía el orden de los grupos. Manel tocaría a las 00.30. Genial.

Como había investigado los otros grupos y había visto que algunos me hacían tilín, y resultó que los que más tilín me hacían eran los primeros, estaba jodida. Hay que decir que entre pitos y flautas llegué cuando estos chicos, Bremen, estaban acabando. Pues haberlo pensado mejor, nena, y haber ido hacia las 22.00, dirás. Pero no, no podía ser. Porque si había un grupo que no me hacía ningún tilín era Dorian, que iba justo delante de Manel, y entonces, eso no tenía gracia. Suerte que pude ver a los segundos, Mine! (not bad, diver), y los terceros, The Free Fall Band, que me gustan mucho, creo que mucho.

De Dorian no quise ni ver la pinta que tenían. Pop electrónico, oí después en TV3. Bien está saber qué es lo que no te gusta. Confieso que me senté en uno de los pocos lugares donde había un foco de luz, y leí un trozo de una traducción que tengo entre manos. No, no es que tuviera que entregar el día siguiente. Es que no me quería aburrir. Desde las  20.30 de la tarde hasta las 2.00 de la mañana hay muchas horas para pasear, estar de pie, y sentarse en suelos y escaleras, a mi edad.

Cuando ya estaba acabando el concierto previo, me inquietaba y me acercaba al foro. Mientras los tíos y tías del backstage cambiaban el escenario y un calvo probaba todos los instrumentos, yo pululaba entre la ya agolpada multitud. Los sentados que alfombraban el suelo, y los de pie que abrían un abanico desde el escenario.

Y bien, por suerte no me decepcionaron, sino que me sorprendieron muy gratamente. Teniendo en cuenta que en el nuevo disco, aparte de Teresa Rampell, las canciones son (según el Artur Mas de Polonia y mucha gente más, presumo) "ensopidas", vaya fluidez que me sacaron. Las cantaban todas más rápido que en el disco (muy bien hecho), y te juro que yo bailaba. Bailaba. Los jóvenes saltaban. Yo bailaba como en una discoteca. Sí. 

Estaba yo hacia la izquierda, entre cabezas y hombros más altos que yo buscando mi huequito, cuando lo hubo, lo hubo. Pero el huequito estaba entre muchas parejas. Supongo que por eso dejaban huequito, al abrazarse tanto. Pero tuve que largarme en busca de un nuevo huequito cuando un parejo le contaba a la sufrida pareja: "A mí el que m'agrada de Manel ...[imagínese el topicazo next]". Buscaba desesperadamente gente suelta, a poder ser de género masculino. Y me quedé entre unos de estos y otros del género parejil. De nuevo, el  parejo era el fan, que le decía a la pareja: "ai que no t'agrada, ai que em sap greu, ¡aquí hi ha una que no li agrada!". Pues no haberla arrastrado contigo, puñetero. Y este tío cantaba muy alto y otro que tenía al lado, sin pareja, también. 

Al final, la ley de la fan empedernida prevaleció, justicia divina, y conforme los diletantes se iban retirando, yo aprovechaba pa acercarme y dejarme un aura alrededor (no, no es que pegase codazos ni que me olieran los sobacos, qué va) pa mí sola.

La primera fue Bruixot. Lo que más alegría me dio es que por primera vez no parecía que presentaran un disco, que me da mucho palo, yo quiero que canten otras canciones. Y cantaron todas las del nuevo menos "Fes-me petons", que tiene su gracia, pero no sería pa bailar. Sí cantó el pobre Roger la del niño y el padre (fíjate que no me acuerdo del título) y creo que a partir de ahí, si tenían pensado hacer "els petons", la tacharon de la lista. En cambio, todas las demás fueron sublimes. ¡Qué voy a decir yo! Y la gente las cantaba, como siempre. Y yo me emocionaba, como siempre. 

Cantaron también La gent normal, para felicidad del personal, Dolors, imprescindible, con el añadido final de Roger que solo yo y otra persona sabíamos ;), Al mar (que me la suda), La cançó del soldatet, Boomerang, Benvolgut (creo que la más amada por el público), y cuando se despidieron, faltaba alguna, y empieza el "es una broma, ¿no?" y "No n'hi ha prou", y "que tragui l'ukelele"... 

Pero yo sé que tienen apuntados los bises. Y que una vez hagan los bises (que no son bises) ya puedes pedirles arroz, Catalina, que no van a volver a salir. Pero el público es sabio, educado, y está cansado, y después del estupendo "resopó", salió en orden (igual también influyó que la megafonía soltase una canción de Perales, "y te has pintado la sonrisa de Carmín..." -ejem.)

La que me faltaba tras el presunto final, era "el directiu" (de esta, hay que decir que, como en Al mar, me sobra el estribillo, pero el resto es simplemente genial). Y la cantaron, la cantaron. No recuerdo cuáles más, ahora solo recuerdo una bellísima En la que el Bernat... que, en contraste con el resto, fue lenta y diferente porque no hay ukelele. Pero que la gente cantaba igual, adaptándose al plan cantautor, haciendo los silbiditos y luego con la ancestral cola del "pom, pom, pom,  popopoó pom pom".... "que t'acompanyava un indiviiidu molt aaaaalt". Este estribillo sí que mola.

Y como es lo último que recuerdo, y a falta de una muestra de este directo, pongo otro de Pamplona donde el fenómeno público se observa bien. 

Mira que nos gusta decir "Qué bonic, qué bonic, qué bonic...".




PD: Mi única pega es, siempre, que no canten Ceràmiques Guzman. Me juré que si la cantaban me compraba la camiseta (tenían talla M, que es pequeñica), pero si no, castigo. Castigados quedan por ese lado. :)



3/7/13

El día de los tres asesinatos


Tres crímenes hubo.

Primero en la novela que estoy traduciendo.
Luego en la que estoy leyendo, una vez en la cama.
El tercero sucedió a eso de las 4 de la mañana en mi alcoba, en las circunstancias que siguen:

Había yo cerrado todas las puertas de balcón y ventana con cierta antelación a mi encamamiento. No recuerdo si eché spray matamosquitos ni si puse el ahuyentador eléctrico un rato mientras leía. Son precauciones que he de tener en cuanto empieza a hacer la calor, que decía el poeta. Valga decir que esta primavera ha sido fresca y el recién estrenado verano es cálido, pero refresca de noche. Los mosquitos son acérrimos enemigos de mi persona. Cuando menos te los esperas, cuando ya crees que es imposible que se puedan colar por rendija alguna o que quede alguno vivo dentro de tu hábitat de reducidas dimensiones, ¡bam!, aparece alguno de tamaño mota de polvo pero cabrón como el que más.

En esta ocasión, tras la lectura de rigor me di media vuelta en la cama y me tapé, aún con colcha, que una vez apagas la luz, tanto calor no hace. Tapadita estaba yo y a buen recaudo antimosquitos, pensaba yo, durmiendo como una bendita.

Como empecé a relatar arriba, a eso de las cuatro (que eso decía el móvil que uso de despertador cuando acabé la batalla campal), me despertó un picor familiar y un ruido que me exaspera: «meeeeeeh-eeehhh». Yo no oigo zumbidos, yo oigo un «meeeeh-eeeeh» aterrador. Cuando esto sucede, suelo insultar al mosquito en cuestión, mayormente con la palabra «cabrón». Suelo darles caza con lo que sea (incluida una paleta de las que sirven para este fin, si está a mano). O, si les pierdo la pista, como suele ser el caso, porque ya digo que son como motas de polvo, con el spray. Como motas pero con mucha energía, y que muerden con ahínco.

Esta vez lo que pasó fue que estaba yo en posición digamos fetal, de lado (difícil sería poner posición fetal boca arriba o boca abajo), y solo tenía descubierto un trozo de la espalda. Pues el susodicho mosquito me fue a morder ahí justo en la paletilla. El habón que luego vi en el espejo seguro que tenía un área de millones de veces el tamaño del atacante (millones o miles, que muy de números no es una).

La cosa es, a ver si me dejo de ir por los cerros, que fue cuestión de segundos: notar el picor, oir el «meeeee», darme la vuelta instintiva y enojadamente, y dejarse de oír el «meeeee». Cosa que me hizo pensar en que no necesitaría buscarlo, ni levantarme a por el spray. Me había vuelto casi tan rápida como mi enemigo. Tampoco me importó mucho buscar si efectivamente había un cadáver o si se estuviera haciendo el muerto para burlarse de mí. Pero sí, eché una mirada a la almohada, me levanté y eché insecticida, levemente, por si quedase algún rastro del mordedor o de otro compinche. Para mirarme el habón de la paletilla mientras se difumina un poco el pestazo a insecticida. Y claro, luego te acuestas y te empiezan a picar otras partes, ora el tobillo, ora un muslo posterior, ora otras partes poco inaccesibles a mosquitos mota. Y para volver a dormir acabas necesitando volver a coger ese libro, y haciendo la nota mental de nunca jamás ya dejar de poner el ahuyentador eléctrico, por muy cerrado y hermético que te parezca el búnker.

Definitivamente, los odio.

9/5/13

Paraula de Manel


Recordo que quan vaig copsar la simplicitat directa de Ceràmiques Guzman, el valor de dir que els guapos desafinen, o la veritat profunda i tristament cuotidiana de Maries i Marcels que fan glops a les respectives canyes, la celebració-acceptació perfectament poètica de la fi de l'amor de Dolors, vaig pensar que ja veuriem qui seria el guapo que ho superés.

I va venir la impressionant i lírica complexitat de Benvolgut. Senyors estranys i iaies estranyes, joves educats i joves erectes, déus i ajudes, salts infinits i saltirons. Soldats i professors, savis consellers i bruixots, inspectors i detectius, secretaries i depenentes, nens petits i pares, mans i esquenes, dits poc senzills, somriures i vianants, coi de metges i collons de gatets. Terrats i timpans destrossats, dones estrangeres, tiets i desconeguts benvolguts, barrets estranys i barbes llargues, adolescents i bancs de parcs, llogaters de pensió que fan glopets al té de la mestra del quart.

Paraules màgiques, i no, que ho arreglen tot, o no. Plans d'hemisferis cabrons dels cervells. Turmells i cabells i talons i malucs.

Ai sí, còm ens calien xulos i macarres!

No pareu, no,
però sempre, sempre, recordeu
Ceràmiques Guzman
i que no s’acabi el bròquil. 


13/1/13

La niña que miraba

Lunes, 13 de junio de 2011 a la(s) 13:22 

La escena de escaparate en el Alsur Café, era esta:


Sólo he venido porque el otro bar más cercano a mi casa, donde voy algunas tardes cuando ya no me motiva trabajar en casa, está cerrado. Y sé que aquí hay WiFi.
Primero, los niños pequeños se suelen quedar mirándome a menudo, no quisiera indagar el porqué, que me lo barrunto. Pero hoy además, la escena era como tan ... femenina.

Yo, con mi camisa rosa de diner, con mi netbook, y mi copa de vino blanco, y mi móvil rosa, sobre la mesa. Pero no me quiero engañar, la niña no estaba mirando a las cosas rosa, ni al netbook, pobrecilla de dos añitos. Me miraba a la cara.

Vale, puede que no sea negativo y puede que vea tantas emociones. Y puede que el rosa de la camisa esté suficientemente cerca de la cara para que la niña se quede encantada. Ella me encantó a mí también, hay que admitirlo.

Que no es que sea el reloj biológico, no... pero chica, los niños pequeños tienen algo. Que no quiera (o no me atreva a) tenerlos, no implica que no me gusten y les vea la gracia. 

Otro día, en un escaparate similar, desde mi biblioteca, subiendo las escaleras al segundo piso, ventanal que da al patio de una guardería. Un niño cogiendo un balón. Le miro, le sonrío, él se queda plantado con el balón entre las manos, mirándome mientras subo. Me quedo "hablándole" tras el cristal dos segundos, y luego me doy la vuelta mientras subo el otro tramo para decirle adiós.

Tres películas para un enero

Por fin hay tres que quiero ver sí o sí. 

A pesar del 21% de IVA, voy a ver las películas que quiero ver de forma compulsiva.
Mañana me toca la segunda, The Sessions, antes de que salga de cartelera. La tercera será The Master, que desde que leí una reseña de Neil Innes en Projector Magazine hace mucho ya la puse en mi lista. Era fácil decidirse; si Paul Thomas Anderson ha hecho Magnolia y Boogie Nights es uno de mis hombres.

De factura más cercana (y más cercana a la vida cotidiana) es la que sí he visto ya, Una pistola en cada mano, de Cesc Gay. En la línea de siempre, no apta para machotes de tiros y explosiones ni para impacientes (y fue un reto ir aquel lunes, cuando estaba supernerviosa y cansadísima: pues no, no me dormí). Porque es primero uau, después "no sé si..." y después una semana de recordar detalles o escenas al despertar.

La tira de actores es fenomenal:

Me han sorprendido gratamente unos cuantos, como Leonardo Sbaragglia, Eduardo Noriega y mi favorito, Eduard Fernández. O su personaje, como él mismo se define, un "desgraciado global". Eso ya paga toda la  película. Entre ellas, Clara Segura está de miedo.







30/10/11

En 119 palabras:

El Bonito del Norte estaba descansando, igual que la Caballa del Sur, sobre el frío mármol, a la espera de que la Persona del Medio decidiera cuál de los dos iría sobre los tomates en rodajas. Y desde sus respectivas perspectivas, el precioso tomate que casi les separaba tenía una forma sospechosamente similar a la de un corazón.
Quizás la Persona del Medio, que vio su cena rica en proteínas y vitaminas reducida misteriosamente a únicamente vitaminas, se consolaría si supiese que Caballa del Sur y Bonito del Norte decidieron escapar por la ventana de la cocina para empezar una hermosa historia de amor. Y es que, antes de aquel día, el supuesto abre-fácil no había tenido verdadera utilidad.

12/8/11

Llorando de cansancio

1
Lloraba en el metro antes de un cumpleaños y me acordé de M. ¿Por qué lloraba ese día? Supongo que porque de nuevo creía que hacía la gilipollas y me acordaba de ella porque ve lo bueno, y me anima para que recuerde y escriba. Otros también.
Pues la otra vez que lloré porque me acordé de M fue en una entrevista de trabajo. Llegó un punto en que me preguntaron “¿qué diría tu mejor amigo de ti?” y yo me acordé de ella, que por entonces estaba en Boston, y me puse a llorar. Estaba premenstrual. Las chicas fueron muy simpáticas, pero ya sabía yo que ahí se acababa la entrevista y las posibilidades si en algún momento las hubo. Luego me alegré de cómo había contestado antes otra pregunta inesperada (más inesperada que esta última). Era que si pudiera ser cualquier cosa que deseara en la vida, un trabajo ideal, si no hubiera límites (“olvídate de esto, de tu experiencia, formación, etc."), ¿qué trabajo me gustaría tener o qué me gustaría ser? Y dije que chica Almodóvar. N se moría de la risa, como que es algo que no tenía que haber dicho. Ah, pero a mí me pidieron que le echara fantasía...
Bueno, pues nunca sabré si contestar lo de Almodóvar era bueno o malo.
Me gustaría probarlo, ponerme a hacer entrevistas y a ver qué cara pone la gente (N me preguntó que qué cara pusieron; yo no me acuerdo).

2
Dónde he llorado:
– en el sofá de mis suegros
– en el autobús a Boston
– en Upiaiwashi y en el restaurante libanés, y en el Atril, y en el chileno
– en el metro
– en una cafetería
– por la calle
– toda la noche en mi casa el día del «no te enamores».
– En el tren de cercanías,
– clase,
– pasillos,
– departamento de lenguas,
– sala de profesores,
– despacho del director.
– En la entrevista, en la misma en que dije que quería ser chica Almodóvar.

3
En transporte público no sólo se llora. También se puede:
– dormir,
– desayunar,
– preparar clases,
– corregir,
– planificar tu vida
– planificar una novela,
– escribir a tus amantes, a tus amigos, de tus amantes,
– pensar,
– no pensar.

17/7/11

Crujiente por fuera, y por dentro y, más adentro, tierno

Mediante este acto del habla
que tan bien definió Searle en su momento,
os declaro a vosotros cinco,
churros recubiertos de chocolate crujiente,
mientras camino pizpireta hacia el hogar
dulce hogar mordisqueándoos,
mi cena.

Poble Sec, por poner un título

Una fijación que tengo desde hace un tiempo. Que tengo que ir a tomarme unas tapas al bar Zodiaco, en Carrer Blai. Y yo que aprovecho ayer una proyección sobre vidas privadas, usos públicos (o algo así) de un grupo llamado HomeSession, que leí en LeCool, y allá que voy yo interesadísima en esa zona difuminada entre lo público y lo privado, tan del momento.









Bueno, la foto me convenció más que cualquier explicación. Y podría rellenar mucho hablando de cada uno de los vídeos mostrados, a cuál más jugoso.

Pero en el viaje, en el camino, que mientras volando voy y volando vengo, sabemos que muchas veces casi que lo mejor es que me entretengo... [vale, mejor que los cortos, no], pues yo voy y me fijo, en los bares, los restaurantes, las bodegas...

Que la sesión de vídeo-arte es en el número 68 de Poeta Cabanyes, y que mientras subo en dirección montaña, me empapo de la belleza de la calle y los edificios, y me encuentro que es allí donde tomé unos vermuts con Marcos y Neil en Quimet&Quimet, que ya me sonaba a mí la calle y no sabía de qué.

Que cuando salgo del evento, que prometía vino y jamón, pero que chica, si yo no conocía allí a nadie y todos bebían cerveza, no iba a ponerme yo así en jarras delante de la encimera diciendo "¿para cuándo ese vino y ese jamón?". Así que me largo a "explorar" el barrio. Y paso por el Zodiaco de mis deseos-fijación, que paso por Carmesí que me parece de lo mejor, porque miro, no sólo la decoración, sino los platos que sacan, y los que están en las mesas, y bueno... está adjudicado.

Muchos, muchos más sitios interesantes. Más o menos sofisticados pero cada uno con su gracia. Otro que he visitado en dos ocasiones, dos vidas distintas e igualmente extrañas, y ahora visito en su tercera vida, por cariño, por costumbre. Y le pregunto al chico, ¿hace poquito que estáis aquí? Una semanita. Uy, qué bien me ha salido, como si viviera en el barrio mismamente. Le dije que le haría propaganda, pero bien pensado, para eso tenía que haberme llenado la copa de vino un pelín más, que entre lo elegante y lo chabacano hay varias gradaciones intermedias. Ya me estoy oliendo que habrá una cuarta vida en ese local. Si no fuera porque parece que una maldición lo acecha, lo cogería yo, mira lo que te digo. Aunque ya te digo yo que sé cómo quitarle la maldición, un poco más de originalidad y abundancia en las libaciones. A su favor diremos que... pues es el único sitio donde le apetecía entrar a tomarse un pincho una soltera de oro como una servidora. De oro en el sentido de desaprovechada, claro.

Otros locales interesantes, no en tan buen sentido, de haberlos también haylos. Desde aquellos que son entre disco-pub y salón-recibidor, y cosas similares como casas pero con escaparate (se diría que no hacía falta ir a ver vídeos sobre la delicada frontera entre lo público y lo privado), hasta un local que hace esquina casi llegando otra vez al Paralel, con pinta de restaurante de filete y pulpo, que anuncia en pizarra entre dos puertas: "Nou local de copes Ca l'Eusebio. Nosequé* y coctelería". Y el dibujo de un cóctel que al lado dice "Piernas largas", que digo yo que será el cóctel especialidad de la casa, porque Nosequé, coctelería, y piernas largas... así todo junto... serían demasiadas pistas para otro tipo de local. Y que la terraza en punta estaba llena de público moderadamente respetable, y eso me tranquiliza. Pero bueno, que todo ese berenjenal se llame coctelería, pues qué quieres que te diga... No sé. Aunque seguramente durará más que el de las 3-4 vidas. Cuando llegue a la séptima entonces voy yo y lo traspaso. Será el negocio definitivo.

*definitivamente, había otra palabra, pero no recuerdo cuál.

Pero de los sitios interesantes en el mal sentido, el que se lleva la palma, suertudamente, se la lleva ya de camino a casa. Ese bar de toda la vida, que se llama "Bar Andrés, el rey del bocadillo", y que miras para adentro, y ves, detrás de la barra, una china con cara de empanada, mirando fijamente a un punto indefinido allende la barra. Un sólo cliente apoltronado en la misma barra, un hombre de edad avanzada y alcoholizada también. Y el chino, al lado de la china, no mira mucho más allá de ella, y tiene el dedo metido en la nariz. Como pa' entrar y pedirle unas croquetas. Menos mal que me he tomado el pincho de tortilla con el vino escaso, porque si para entonces estoy todavía con el gusanillo en el estómago, rápido me monto yo en el metro y al llegar a casa me frío un huevo o repesco del congelador alguna hogaza de pan olvidada quién sabe cuándo y la parto con un pica-hielos estilo Instinto básico y a la tostadora va que se las pela.

Tú dirás.

Total que, de momento, el bar Zodiaco, en calle Blai, queda aún pendiente, el Carmesí, misma calle también, pendiente para mí, que no para otras. Y el que sí hemos probado Julia y yo, y muy satisfechas que nos hemos quedado de la relación calidad-precio (esa cosa tan actual como la dualidad público-privado, pero que se podría decir de forma mucho más simple), y amabilidad, eficiencia y de tó de las camareras, ha sido La Soleá, en una esquina de la plaza del Sortidor.

Hale pues, ¿qué haces que no te duermes ya, Pepita?

12/7/11

Manel en el Grec

Vamos a ver.

(La crònica del concert de Manel al Grec).

Hay que decir que fui también a verlos a Rubí, en el anfiteatro del Castell, y buen emplazamiento que era, y mucho que nos reímos. Guillem comentaba que había que saludar al tren cuando pasara, y no supo que justo al final de aquella canción, efectivamente pasó, y la gente saludó. En otro momento dado, volvió a suceder, en un momento adecuado y dijo: "molt bé, molt bé, no m'en havia adonat".
En esta ocasión, aunque cerca del escenario, como mi camarita no da para mucho, las fotos no son como pa pegar saltos. Pero las del lugar mientras era de día, pues oye... Allá que llegué yo media hora antes y me tomé un vino blanco "Corazón Loco" de Fuentealbilla paseándome por los jardines como si fuera la emperadora.





Y allá que en la entrada repartían desodorantes de propaganda, hecho que más adelante Guillem aprovechó para hacer el chiste que ya todos hicimos a la entrada. En la pausa de "Aniversari" que hace para pinchar a la gente que tiene ganas de decir "Que demani un desig!", pues dijo, "ara és el moment d'anar al lavabo, de posar-vos una mica de desodorant si ho creieu convenient..."



Cuando la cosa se quedaba callada, siempre había algún tío que gritaba "guapo!" y cosas que no llegué a entender, o que sí, "per mi el Maymó" (Martí Maymó, se entiende). Otra cosa que entendí, aparte de "guapo", fue una niña que respondía "guapa" y otro que dice "¡que se besen!". Yo no, yo solo hice "fiu fiu" (que tengo poca potencia, pero con el silencio se oyó incluso) cuando Roger Padilla hizo su solo final de "Dolors" que me vuelve loca. Loca.





Abajo- esto significa estar en la fila 1 seient 1: aquí a la derecha de mi pierna el reposabrazos colidante con el asiento cero.

Contraseñas y memoria

Desde que abrí la cuenta corriente en Barcelona en la segunda caixa de mi vida, tuve apuntada la contraseña de la cuenta online en una chequ...