7/8/21

La "Sicop"

Esa puerta y esa escalera me traen al recuerdo:

-Los vecinos que vivían en el bajo súper bajo, escaleras hacia abajo, pero que tenían un balcón que daba a la otra calle.

-Los vecinos Angelita y Valero que tenían a las mellizas.

-Isabel y Agostí que se llevaban a mi hermana porque lloraba mucho, para que mi madre descansara.

-Ana Mari y su madre que se me llevaban a mí, también porque Eli lloraba mucho, y me ponían en una habitación con cojines y a veces también me ponían una goma alrededor de la cabeza por ver si se me aplastaban las orejas de soplillo.

-Una caja con gusanos de seda y los niños ahí observándolos en las primeras escaleras.

-Las acrobacias varias en ese gran escalón donde la planta. Como un minigimnasio.

-Cuando metí la cabeza entre los barrotes de esa puerta (no sé por qué en aquel momento no tenía cristales) y el carnicero del lado, Juan, tuvo que untármela de manteca de cerdo para poder sacarla.

En el lindar:

-Don Manuel Alegría diciendo: Sant Pau es el único sitio en donde os pueden ayudar. Y a mi madre que se guardara las facturas en el bolso sin mirarlas (Sant Pau era privado, entonces).

-Mi padre con los pelos del pecho blancos a los treinta y pocos, efecto, según decían, del sufrimiento.

Del piso:

-Que nací allí, literalmente, que en la época debía de ser algo ya extraño, no nacer en hospital. Supongo que era la época límite. Sé que ahora se ha puesto de moda parir en casa con comadrona, pero a mis padres les arruinó la vida.

-Cuando algunos vecinos venían a llamar a mi casa porque teníamos teléfono.

-Jugar en el suelo cuando murió Franco y no teníamos que ir a la escuela.

-Ir a la cama después de que saliera en la tele el anuncio de que “es hora de que los peques se vayan a la cama”.

-Mis padres y abuelos insistiendo en que cuando alguien cercano se ha muerto no hay que poner la tele ni escuchar música.

-Mi madre fregando el suelo (un tipo de suelo como el hidráulico pero menos elaborado, con aguas entre malva-rosa y blanco) y viendo una imagen de lo que más tarde le sucedería a mi hermano.

-El tresillo de escay granate con la parte del asiento marfil, y los rayajos de boli allí, sobre el marfil y en el pasillo.

-Mi padre con la mesa de empapelar y yo alucinando con la técnica (que no con la cola, que era al agua).

-Las carteras colgadas en la percha de salida, y pensar siempre en que nosotros no llevábamos Donuts.

 

6/8/21

Señora, mire hacia delante, o Los hombres me siguen explicando cosas:

 

Sale una a caminar para deshacerse del mal rollo laboral del día, cuando ni siquiera son las 6 pero el cansancio es de las 8 de la tarde. Hoy, para variar no voy para arriba sino hacia el gótico, paseo marítimo etc., buscando la sombra cuando veo que era temprano. Vuelvo por el born y, en una calle que es peatonal, bastante llena de gente para la época pandémica, estoy mirando hacia el interior de una peluquería (confieso), cuando casi me choco con un joven en patinete.

Él está casi enfadado y se siente con toda la razón para decir, “Mire hacia delante, señora”.

Yo, por inercia, “Ay, lo siento, perdona”, pero él, seguidamente, “Se lo he dicho cuatro veces”, y otro señor que iba cerca de mí en mi misma dirección, “Hay que ir con mucho cuidado”. 

¡No me digas!

Y vaya que voy con cuidado por las calles más civilizadas, con carril bici, que vas con cuatro ojos: uno para los coches, otro para las bicis, otro para los patinetes y otro para los demás vehículos varios con ruedas.

Pero no tanto, obviamente, por un sitio como ese, de los de mirar escaparates y tal. Solo alguna moto va por allí, y todos los vehículos sobre ruedas antes mencionados.

El chico joven. Hum. A ver, guapo, si me lo hubieras dicho cuatro veces, digo yo que me habrías visto medio kilómetro antes, y hubieras podido esquivarme. Además de tener la clarividencia de saber que, de entre todas las personas que había a lo lejos, delante de ti, que miras tanto, YO iba a estar distraída. 

Ay señor, santa paciencia.

A veces me dan ganas de quedarme en casa y no salir nunca más.