Largando
Las fechas no importan, los títulos, quizás. Las palabras siempre.
29/7/26
Contraseñas y memoria
12/7/26
El último hombre
Quedamos para un vermut. Simple, no comprometido. Aséptico. De día. Sin intención.
Cancelaste por
un compromiso de algún favor. En esa época yo ya debía estar alerta y apuntar
mentalmente a los que me cancelan. Dijimos quizás un vinito por la noche. Y
quedamos cerca de mi casa. Nunca quisiste que fuera a la tuya. Celoso con tu
privacidad, como todos los hombres que me han gustado realmente (quizás dos en
los últimos tiempos). Sé que tienes hijos, quizás incluso, quién sabe,
compartes piso (y sí que lo compartía). Quizás incluso no estás ni separado, lo
que se suele pensar en negativo. Lo dudo, porque esa mujer no ha aparecido
nunca en tu trabajo ni en tu nada. Por fin, en la entrevista que te hizo Betevé
dices que viniste a Barcelona por amor. Como otros hombres que sospecho llegan
a otros sitios por amor; el de una mujer o el de unos hijos.
Muy educado,
extremadamente educado. La cita. Estoy en la esquina de La Caixa.
Yo en la acera
de enfrente, con mi abrigo negro de pana, que me sienta de perlas. Confesaste
después que me viste muy atractiva desde el otro lado. Igual que me viste muy
atractiva el día que te conocí. Porque lo estaba. Estaba en un buen momento
físico. Mis pantalones camel y camiseta cuello alto leopardo no choni. La
chaqueta larga y las botas a total conjunto. El abrigo o la gabardina a rastras
porque hacía demasiado sol ese mediodía en el 98 de Passeig de Sant Joan. Y yo
en la esquina mirando a dónde podría ir a comer algo que me encantara,
aprovechando mi tiempo en Barcelona. Y tú pasaste como una bala hacia Correos
con un paquete y dijiste, hasta luego, Lola.
Creo que fue
después de eso que, tímidamente, mediante emails, quedamos para el vermut que
luego fue vino —y margarita, que decías que me diera el gusto. Que costó hasta
darnos el teléfono para el WhatsApp. La educación y la hermética.
Tu amigo, el
extraductor que tenías allí de charleta y con quien me dejaste hablar, casi sin
mirarme a la cara. De vergüenza o de disimulo. Muy ocupado. Muy minucioso, con
tu lista de libro vendido, número de teléfono para el Bizum. Y el amigo dice,
«ah, ya tienes su teléfono, Burlador de
Salamanca». Algo así, de cualquier manera. No parecía muy don juan, que digamos, pero nunca se sabe. Hay gente para todo. Yo había ya pensado si me gustarías físicamente. Siempre lo pienso cuando me gusta una persona de cabeza. Si podría llegar a… pensaba. Sí. Yo sabía que sí. Sólo hay una cosa que me pueda echar atrás físicamente si la persona interior me encanta. Teníamos en común el ser escritores. Ya sé que hemos sido muchas cosas y a saber en qué acabaremos, pero somos escritores.
Al menos tú,
escribes maravillosamente. Al menos tú, ahora tienes un trabajo que te encanta.
Que te lleva la vida, pero lo disfrutas. Envidia sana. Admirable. Un requisito
para amar a alguien es admirarlo.
Volvamos a esa
esquina de Passeig de Sant Joan, no sé, tres días después. Tú con tu abrigo de
paño, hombre clásico, hombre pequeño pero estiloso. Jersey negro de cuello alto
y pantalón pata de gallo en tonos marrones como el abrigo. Esos pantalones que
te sientan tan bien alrededor del paquete. Sí.
Yo recuerdo que me pude poner aquellos vaqueros que sólo me pongo cuando
estoy «delgada». Que me abrocho bajo el ombligo solo porque lo que sobresale no
es vergonzoso. Esos pantalones que luego dijiste que no podías dejar de mirar
cuando pasé por delante de ti para ir al baño. Ese tópico que, al menos en
inglés me viene a la memoria, de «me gusta cuando te marchas». Cuando salimos
por la puerta, te cogí de la mano. Supongo que quería hacer algo como el beso
antes de entrar al restaurante en Annie Hall. Me confesaste luego que te
pusiste a temblar cuando te tomé del brazo. Supongo que también quise copiar a
Guillem Gisbert en la versión de Pulp con “i m’agafava del braceeet”. Yo
era esos personajes de ficción. Era la persona que dije que sería después de
romper con mi primer amor verdadero (único, en realidad), una persona que
mimara y tocara más al ser amado.
Fuiste el último hombre a quien me dio vergüenza besar bajo aquella
lámpara. Esa lámpara bajo la cual he besado o he abrazado a numerosos hombres
en veintitrés años.
La verdad es que era hora de no besar a nadie más allí. De eso me alegro ahora.
Ya está bien de mierdas y mentiras. Ya está bien de que nadie vea mi interior.
Sé que algunos vieron otras cosas, pero daba igual. No es mi problema si ven un
monstruo sexual en mí, no es mi culpa. Mi mirada es la que es y no me voy a
sentir culpable porque a algunes les parezca lasciva o algo negativo.
Te invité a mi piso, eso es obvio. Disimulaste diciendo que no te lo
hubieras esperado nunca, que era como un sueño hecho realidad. No era verdad,
por algo llevabas preservativo en alguna parte. Esa noche no lo usamos porque
no hubo coito. No hizo falta. Tengo la suerte de que sí, de que mis compañeros
volátiles de los últimos tiempos tampoco necesitan penetrar porque no son de
masculinidad tóxica y con prácticas más femeninas nos basta.
Y bajo la ropa clásica y sobria, estaban los calcetines divertidos y los
calzoncillos limpios. La carne duchada y todo lo que hace falta.
Tenías la necesidad de tener el preservativo cerca, pero no hizo falta.
Ni la segunda vez. Hubo cosas que no te hice. Que no hicimos. Y está bien.
Me habría gustado follarte con muchas ganas.
El día uno me dijiste que te ponía a cien y al mismo tiempo te provocaba
mucha ternura. El mejor piropo que una puede recibir. Estaba harta de ser solo
la que pone a cien, joder.
La segunda noche también costó mucho quedar, pero fue de nuevo muy
bonito. Muy emocionante. En el momento de descansar, cuando me había corrido y
tú no, en algún momento el karma tenía que devolverme cosas. Me encantó tener
tu cabeza encima de mi pecho, acariciarte el pelo, que tú sentirías mi corazón
latir igual que yo sentía el tuyo latir sobre mi pubis. Momentos divinos.
Para mí era un… desastre, infortunio, trauma… que no iba a quedarme en la
ciudad. Una vez que encuentras un posible amante, de los que siempre quisiste,
de aunque solo fuera una vez al mes, qué felicidad… Esa vez te tienes que ir.
Aunque si no fuera porque me iba, tampoco te hubiese conocido jamás, porque no
habría intentado vender mis libros y no habría conocido tu librería.
Más tarde me di cuenta de que tus palabras, de nuevo abrazados bajo la
célebre lámpara, llevaban ese humor castellano fino que otros amigos me han
hecho notar que no pillo. Esta vez era obvio, pero bonito igualmente.
—Hemos sido tan felices los dos en este pisito.
Pues sí. Quizás lo bueno fue que no nos dio tiempo a ser otra cosa que
felices. Y lo agradezco.
27/10/25
Los libros me hablan
Un poco de descanso, un poco de no hacer nada –tan necesario–, un poco de escribir. Un mucho de cantar –ayer tarde. Un poco de playa (una tradición personal que no tengo que cumplir en el día de San Juan).
Bastante enemiga de tradiciones, me pasé la noche esa trabajando en un proyecto muy, muy personal. Tan inmiscuida en la tarea que se me olvidó hacer a las doce la única parte de la tradición que deseaba hacer. Así que me viste quemando un papel con las cosas malas de este año (o esta vida) que deseaba hacer desaparecer. No te creas que fue un papelito con una cosa. No. Yo a lo grande.
También ayer fui a buscar una revista sobre traducción donde publiqué el final traducido de la que es probablemente mi novela favorita de todos los tiempos. Un final que acaba en la noche de San Juan. Le hice fotos al original y a mi traducción (revisada por mi gran amigo nativo (linktree: @exaltron) y buen escribiente en inglés). Le hice dos fotos a la primera página en cada lengua, en este caso catalán occidental y castellano.
Luego me fui a la playa y empecé a leer un relato de Bonnie Jo Campbell, https://barcelonareview.com/86/e_bjc.html (también tienen versión en castellano) que tenía «guardado» desde hacía mucho. Cuando yo digo que no tengo tiempo, no miento. En el primer párrafo ya leo:
«Not to be a drama queen, which I'm not, but ever since his Summer Solstice party, I'm feeling sick and weird...» [No quiero dramatizar, pero desde su fiesta de solsticio de verano tengo náuseas y me siento rara].
Lo anterior lo había buscado, pero esto no. Son esas casualidades que siempre me pasan con los #libros, que me hablan.
Otra vez me pasó con Árboles de judías (muestra: https://www.ireadbridge.com/.../9788424.../9788424629939.pdf), que leí antes de traducirlo y en aquel momento me pilló en unas Jornadas de ACE Traductores en Tarazona, y también había alguna coincidencia de fechas. Y ya me tienes allí leyendo y llorando por la noche, y en el autobús de vuelta (las partes del libro que son para llorar, que de reír también hay mucho). Esto me suena más otoñal.
Lo importante es que estoy empezando a poder hacer cosas «prácticas», además de lo indispensable para vivir (comprar comida, cocinarla, fregar platos, ordenar compulsivamente o por necesidad)...
Cuando pueda estar de alta (el INSS ya lo ha propuesto, cómo no) espero no volver a angustiarme y tener la calma necesaria para seguir trabajando, #autónoma (autómata, me sale ahora, visto el panorama) o asalariada, pero con tiempo para vivir. Soy consciente de que no soy la única. De que muchos estamos atrapados. Y que algunos no os podéis permitir ni una baja (esas que a la #TGSS le cuestan tanto).
14/7/25
El hombre de las mascotas
—Mira a ese hombre que entra con el conejo de peluche. Se subió un día a mi autobús cuando salía del trabajo en la oficina del correccional. Tenía aún la etiqueta puesta, pero eso sí, lo sentó cómodamente en el asiento a su lado, que era para pagar otro pasaje.
El conejo
era tremendo, blanco y rosa, y entrábamos en Pascua, así que no me chocó
demasiado, aunque el hombre era también grande, no parecía muy normal también
por la conversación en torno al conejo que inició con otros pasajeros. Me
recordaba un montón a Ignatius Reilly de La Conjura de los necios. En lugar de
bigote tenía gafas. En lo demás, podía perfectamente llamarse Ignatius. También
tenía una madre, creo, que lo acompañaba ese día. Aunque quizás ese era otro de
los hombres niños que a veces iban en esos autobuses.
Montse y yo
estábamos en la terraza del Starbucks y él había entrado.
—Hostia, si
yo lo vi salir del CVS con él y creía que lo había comprado para un niño.
—Pues creo
que no, porque la prisión estatal no queda cerca de aquí, y allí estaba él con
el conejo.
—Mira dónde
lo ha colocado. Hostia, cómo está el tío.
El conejo
estaba bien sentado en la pequeña plataforma de la barra donde ponen los cafés
que la gente va pidiendo. Pascua ya había pasado hacía unos dos meses y
estábamos disfrutando del sol de la terraza de la cafetería.
Al rato
sale el hombre con el conejo en brazos y con dos cafés en la bandeja de cartón
de Starbucks. Bromeamos sobre si es un café para él y otro para el conejo,
posibilidad que no descartamos. También sería casualidad que las dos lo
viéramos el mismo día de la compra del conejo, en dos partes distintas del
estado. Pero es Rhode Island.
En marzo,
estamos otra vez en Starbucks, y esta vez no había sol que disfrutar, por
supuesto. Pero mira por donde, algunas atracciones están disponibles todo el
año.
—No lo
puedo creer, Montse, mira quién sale de Newport
Creamerie.
La nieve de
las últimas tormentas no se ha derretido aún, pero nuestro Ignatius sale de la
heladería con dos batidos marca registrada de la Cremerie, los Awful, Awful. La mascota esta vez es
distinta.
—No,
si otra cosa no, pero sentido de la temperatura, lo tiene. Éste va por
estaciones, todo bien conjuntado.
—Nada
de cafés que puedan contrastar con las temperaturas externas.
—Y
preparado, con la mascota justa para los contratiempos que puedan presentarse.
El hombre
se aleja cuidadosamente por la acera helada, los batidos en la bandeja, y el
enorme San Bernardo de peluche bajo el otro brazo.
28/10/24
Flors i plans
Sí, em puc comprar un ram de flors.
Fer els meus propis plans
No ho trobava tan fàcil llavors.
💗
Uns dies després
vaig a aquest recital anomenat com el poema d'Estellés, De mà en mà, que escolto de boca de l'actor Francesc
Anyó. Són les casualitats que tant m’agraden. Emocionant l’espectacle, quina
guitarra la de Borja Penalba. Que jo no sé gaire de música, però aquella
guitarra estava ben tocada. Com si em toqués a mi. Un orgasme cerebral o del
tacte de l’oïda.
💗
Del poema d’Estellés:
Ella volia una rosa,
i un dia se la va fer.
Ella tenia una rosa,
una rosa de paper.
Abans diu:
Ella tenia una rosa,
una rosa de paper,
d'un paper vell de diari,
d'un diari groc del temps.
🌹
M’agrada que es fes la rosa,
si volia una rosa, encara que fos de paper.
M’agrada que fos de diari,
d’un diari groc del temps.
Entremig:
Tete, tenies raó.
Els solters
i els que no tenen feina
són peons
de la generació anterior.
Gràcies donarem, gràcies donem,
però només volguerem
ser independents.
3/10/24
Un erizo y un avión
Este uno de octubre nadé en el mismo mar en que nadaba, en mi otro país, solo en verano. El uno de octubre allá solía estar más ocupada. Demasiado ocupada a menudo.
Me gustaba la gente de mi barrio, me gustaba la gente de mi
ciudad y de mi país. Para mí era un país, es un país. Un país sin estado,
digan lo que digan. Por mal que vaya, siempre he visto que va mejor que el
resto de la España que conozco. Por mal que vaya, siempre me gustará más la
cultura, la gente, la cultura de la gente.
El treinta de septiembre, en este caso, fue bonito porque fui a caminar por la playa, esa misma playa en la que nadé este uno de octubre, solo para desfogarme, para escaparme de mi vida, que era una obligación continua. Salí el treinta para caminar rápido. Me monté una ruta que tuvieran cuarenta y cinco minutos, porque no podía seguir engordando. Al subir desde la playa, casi ya en la carretera, al finalizar una barandilla, en un trozo de piedras grandes y matojos, vi un erizo, un erizo precioso. Nunca había visto uno en directo. Me paré y dije, como una niña, juntando las manos: «Oh, el erizo, qué bonito el erizo. La elegancia del erizo».
Y recordé el libro, que leía precisamente en esta o la otra playa, porque las arenas son todas iguales y mi mente está arenosa. Y recordé la película. Recordé cuando Julia me dijo que ese libro le recordaba a mí. Quizás la portera protagonista le recordaba a mí. Cuando yo leí libro ni sabía lo que acabaría pareciéndome. Cuando vi la película por segunda vez, esa mujer me recordó a mí porque tenía mi misma edad. Porque sí, porque definitivamente mi profesión ideal en aquel momento era la de portera. Se riese quien quisiera reírse. Portera culta que lee. Y pensé todo esto en un instante. Pensé que ya no podía ser portera porque no vivo en una ciudad grande y también pensé que quizás algún día pueda serlo, quizás algún día pueda volver a la ciudad grande, quizás pueda ser portera tranquila o algo mejor, y se me erizó la piel.
Y no recordaba en ese instante que la joven del libro era en principio una suicida. Otro libro con una suicida. Como ese algo que yo podría escribir sobre tres mujeres suicidas, un hombre que no quiere vivir y un hombre que se aferra la vida.
Y la desgracia con esperanza «Lo que importa no es morir, sino lo que uno hace en el momento en que se muere».
Unas semanas antes, después de unas lluvias, era una entre tres personas a lo largo de la playa central, que me caminé descalza. Aquel día lo más bonito fue, al principio, el agua tan clara que pude ver un pececito en la orilla y, al final, un gran arcoíris perfecto, el más grande que haya visto jamás porque aquel era el lugar más adecuado. Y me alegré de haber bajado.
El día uno, entonces, no tenía plan de ir a nadar. Estaba un poco nublado, pero tenía que lavarme el pelo (siempre tan práctica) y decidí de sopetón aprovechar, coger la mochila y largarme a la playa. Ni siquiera usaría bikini. Usaría el sujetador que llevaba, dado de sí, con estampado de leopardo y unas bragas negras también viejas. Me metí en esa agua de buena temperatura y oleaje que otras veces me echara para atrás. Y hundí la cabeza y nadé hacia delante, en retroceso, para un lado y para el otro. No hice el muerto como otras veces. Me moví, me moví y me moví. Disfruté del agua, disfruté de la falta de gravedad.
Pensé en un
momento que estaba llegando demasiado lejos y pensé que no haría como la
protagonista de The Bell Jar. La había leído hacía poco en inglés.
Sylvia Plath, La campana de cristal. Pensé en cuando ella hablaba
sobre sus múltiples intentos de suicidio, que uno de ellos era nadar hacia el
fondo hasta cansarse mucho hasta que tener la certeza de no poder volver.
Yo no, yo quería volver y disfrutar. Y miré a mi alrededor y vi esa playa. Esa costa en forma de media luna, distinta a la que veía en mi gran ciudad que me gustaba mucho más. Los símbolos de la playa de la Barceloneta tenían más poder, la media luna era más grande.
8/2/24
Omple l'enquesta
El Consorci Sanitari Integral al qual pertany l'Hospital dos de Maig m'envia una enquesta sobre la meva visita a un traumatòleg la setmana passada. És la meva oportunitat. En la gradació "recomanaria vostè el centre a familiar si amic..." pose el que em sembla. A la pregunta sobre la visita concreta nota baixa. Trio entre les opcions que es donen. Com que mansplaining no hi és, he d'explicar de forma concreta:
Recomanar, puc recomanar segons quin metge et toqui. El centre no és el problema.
Jo volia una opinió professional sobre la meva patologia cervical i el metge (Edgar Medina Rodríguez) es va limitar a fer de psicòleg.
Em va receptar rehabilitació (única cosa positiva). Però l'actitud paternalista és inadmissible. Ja sé que tinc ansietat i depressió i que això no ajuda, i sé el que és una estenosi (soc traductora mèdica).
Jo anava per una opinió objectiva i CIENTIFICA, volia asber quan seria aconsellable una intervenció. Em va dir que nadés (consell del dia u quan tens problemes d'esquena) i, després, que no estava fent la meva feina -sense saber si faig ioga o estiraments, que també són vàlids. En va dir que no he perdido nada porque estoy viva i em va posar l'exemple d'ell mateix (he perdido un hijo y estoy aquí). Ell no sap el que jo he perdut (encara que li vaig dir, que fer com fan diu que no és pecat).
Finalment, em va preguntar "¿prefiere una operación con clavos y placas o medicación?" i li vaig dir medicació perquè estava en xoc; tot dependrà del dolor o els problemes que em donin les cervicals. Quan vaig tindre una hèrnia discal lumbar em van operar i em vaig quedar en el cel. Això és més complicat, però per això anava, per què m'explicaren les complicacions i com pot progressar la malaltia. No perquè em fessin mansplaining.
M'enfada pel biaix de gènere. M'agradaria saber si a un home li hagués dit el mateix ("puedes llorar"). I m'enfada el sistema sanitari: encara no m'ha vist psicòleg del sistema i aquest home...
Un altre dia, que miri l'informe de la ressonància i expliqui què pensa del problema físic. La resta, bé, tots els professionals ho comenten, tots sabem que l'estrès i la salut mental afecten la física, però en la magnitud que aquell home ho va utilitzar, sobrava.
2/2/24
De cuidados y universos
Señor doctor naturalista y humanista (mansplainer y más cosas que le diría ahora), que me dice que él sí que lo ha perdido todo y ahí está. A cada uno le duele su dolor. ¿Qué sabe usted de mi vida? Lo que pone en mi historia, quizás. ¿Qué, ya me han clasificado de neurótica? (creo que una vez, el médico de familia del pueblo le dijo al médico en prácticas de turno que tenía una "madre neurótica"). Solo porque me quejé a la enfermera el otro día de que ya el sistema me está jodiendo más que arreglarme.
O sea, no me ha visto una psicóloga de la S.S. aún y el traumatólogo me hace de psicólogo y me dice que no pongo de mi parte. Me dice que nade. La recomendación del día uno, cuando la primera hernia discal. No nado, no, pero usted no sabe qué otras cosas hago, como yoga, y si este puto pasado año no he podido hacer yoga ni estiramientos porque tenía otras preocupaciones.
Que la psiquiatra de la seguridad social, por otro lado, me ha cambiado el tratamiento, que no me ha beneficiado de forma visible, y cada vez que voy me dice que me vaya bajando el ansiolítico. Pues que me dé con un martillo en la cabeza.
Que la psicóloga privada ha llegado a proponerme un tratamiento que ella no lo sabe, pero yo –y cualquiera con criterio– diría que es una estafa.
Que mi gestora actual no me quiere hacer un cese de actividad con derecho a prestación porque nunca lo ha hecho, que "los autónomos se dan de baja y se buscan la vida", pero al mismo tiempo me dice que no sabe dónde voy a encontrar trabajo yo ahora.
Total, que la solución, según todos los estamentos, es que vaya a casa de mi madre y que ella me alimente. Y buena que es la solución, y lo es porque yo lo he decidido, y gracias que doy por tener un techo y una madre.
Pero no todos tienen esa suerte. Si estuviera sola en la vida, aquí en Barcelona, sin poder pagar el alquiler, ¿qué?
Que al final todos estamos solos en un mundo que ya es capitalista sin remedio. Cada palo que aguante su vela. Y que el mundo no se va a la mierda, ya está en la mierda.
Oí a alguien decir el otro día en la tele que la gente se preocupa por la inteligencia artificial (que sí, que es responsable de que yo ahora no tenga trabajo), pero que no hacía falta, que la inteligencia natural ya se ha cargado al planeta.
2/12/23
HAPPY BIRTHDAY TO ME
12/11/23
The Number One Fan
Els tertulians de fa dos dies comentaven la diferència entre ells i altres
grups catalans pel que fa a l’ús de la llengua.
Que no pretenien ser trencadors, sinó que van aprofitar la llegua completament,
amb paraules antigues, però sense renunciar als castellanismes presents en la
llengua viva. També va mencionar, crec que la Marina Rossell, que van arribar a
totes les franges d’edat —però totes, totes—, potser per la capacitat narrativa
del Guillem Gisbert, el principal lletrista del grup. I una altra cosa que
comentaven en aquest sentit jo l'havia pensat molt. «No sembla que tinguin
trenta anys». Efectivament, perquè les lletres parlaven de coses que sembla que
no podries saber si no has tingut fills, o si no has arribat a certes edats.
La cançó del soldadet és un exemple perfecte de la manera d’arribar a la
gent. Jo pensava, a mi, que mai m’han interessat els soldats, ni les pel·lícules
o llibres de guerres, em va arribar aquesta cançó, per què? Perquè estava narrada
des del cantó humà, tant humà.
També recordo el concert que vaig veure amb els amics que me’l van descobrir.
Ell, mirava a la seva filla, aleshores adolescent, quan va venir la frase:
«Aniré a ma mare ben vestit
i, abans de res li hauré de dir
que em perdoni per tractar-la sempre així»
I sempre pensava jo en la maduresa d'allò que seguia:
«... aniré a la Margarida a fer-li un fill
Per, només veure’l, intuir
que l’estimo més del que m’estimo a mi».
I pensava l’altre dia que al meu funeral jo posaria My Way, del Sinatra. Però avui he pensat que aquesta tampoc estaria malament. O Llavors ja era fort.
No importa, el que importa és la felicitat que aquests quatre nois m’han donat en aquests 15 anys. I per això m’he posat les seves cançons avui mentre fregava plats.
I també van dir al programa que era un poeta, i un
intel·lectual, en Guillem. Jo sempre havia dit que era un trobador, o un
rapsode. Tot per aquest element d’antiguitat que tenen les seves cançons. Comentaven
l’armilla de iaio que portava a la primera època. Efectivament, semblava un
vell, i m’agradava també perquè tenia el nas llarg i ballava com el meu avi Quico.
També parla de pressa, com jo, encara que jo no seria capaç de cantar alguns versos
que són veritables embarbussaments, com ara:
«I si pogués tenir un superpoder
seria el de provocar a qui jo volgués
que li comenci a regalimar pel front
oli de sobrassada com si fos suor».
Quan van comentar que prou del passat i que en Guillem farà l'any vinent dos concerts sol i ara sé que presentarà un nou disc (com era el costum), els tertulians comentaven que «No tenien xarxes socials». No és correcte, sí que en tenien. Qui no tenia cap xarxa social era en Guillem, que se les ha hagut d'obrir ara per collons.
Ara bé, sí que és veritat que això va ser més endavant, que al principi va ser tot boca-orella, i que recordo al meu amic Marcos trucant-me per dir-me que havien sortit entrades per un concert, i jo, des de casa els pares, anant corrent a comprar-la per internet. I aconseguir-la o no, no ho recordo.
Tampoc no he aconseguit cap entrada per la Sala Apolo ni per Girona. Hi haurà oportunitats. Compraré el disc, com sempre, amb els ulls tancats. Però bé.
Quant al grup en conjunt, crec que ja no podien
arribar més alt. Sempre deia, abans que «marxessin» que volia que només fessin
concerts tipus «grans èxits» amb les cançons que JO digués.
Veure vídeo: Criticarem les noves modes de pentinats
24/7/23
ANTI-GREASE
Nota: Algo que escribí por 2005 y que ¡pensaba que había blogueado ya! - No lo voy ni a editar. Salió a colación el otro día por un tema y aquí va.
Pues sí, escuchando ahora la banda sonora de Grease me doy cuenta de los destrozos que provocó en nuestra sociedad muy sutilmente, igual que todas las películas, programas de televisión y cosas varias procedentes de Estados Unidos que nos empezamos a tragar sin rechistar y sin cuestionar. Y de que yo era el antiprototipo del modelo adolescente ensalzado en la peli. Con razón me sentía la más insignificante del mundo.
Yo entonces no sabía inglés y tampoco mis compañeros de generación, del 7º curso de EGB (que ahora sería ESO, o secundaria, exactamente como el High School de la película). Pero, por supuesto, la película en general se entendía más que las canciones, y eso quedaba. Y si las canciones venían subtituladas y algún adolescente se entretenía en leerlas, aún más. Yo no sabría decírtelo. En esa época yo era una de las pringadas de la escuela y mi madre no nos dejó ir a verla cuando la pusieron en el cine. Fue una tragedia para nosotros, mis hermanos y yo. Además, desde nuestra casa se oía el cine de verano, lo que aumentaba más nuestra angustia.
Tras tantos y tantos años, después de verla veces y más veces en la tele, en inglés y en castellano, y después de cantar las canciones a grito pelado a los treintaypico, y abrir la puerta a un chico modernísimo que me había pillado en plena actividad cantarina y caérseme la cara de vergüenza... Concluyo que yo me salvé, me salvé del lavado de cerebro de la época. Aunque entonces lo sufrí, y me sentía la más desgraciada, me cuento afortunada.
Oigo aquella canción de Sandra Dee “lousy with virgini-tee”, y era yo, virgen hasta los 21, y como dice la canción, no fumaba, no bebía, y no muchas cosas más. Una desgracia de chica.
Mis compañeras de generación tenían novios y no eran vírgenes. En algunas era más obvio, especialmente porque al acabar EGB se quedaron embarazadas. En otras no lo era, y yo creía que tenían novio, pero eran tan buenas niñas como yo. Hasta que una no se pudo aguantar la risa y tuvo que confesar, a los 20, que no era virgen desde los 19 (¿16?).
Entonces,
ya teníamos, la primera cosa que echó por tierra la peli: a las pavitas que no
se espabilaban. Ya saben mis amigos que me gusta disfrutar de la vida, pero no
me parece necesario echar por tierra a la gente que no quiere follar, fumar, etc.
a los 14 años, porque, realmente, NO es necesario. Y, la verdad, creo que estoy
mejor como estoy ahora, que con una hija ya casadera. Aunque tampoco digo que
las que tuvieron un bebé en la adolescencia sean desgraciadas. Solo que
deberían haber tenido la oportunidad de elegir, de reflexionar.
Otro sector perjudicado: abajo la FP; esta vez con la cancioncilla de “Beauty School dropout”, que el tío del frac blanco le canta a la chica que está estudiando peluquería (que digo yo que qué tiene de malo) en lugar de ir al instituto. Lo dicho, el del frac blanco, que también hay que tener cojones para creérselo, le dice torpe, le dice de todo a la pobrecilla, y que vuelva al instituto. Total, porque la chica quiere ser peluquera. Precisamente lo que yo quería ser por entonces. Y precisamente FP fue lo que hice entonces. Y ni siquiera pude hacer peluquería; no había la posibilidad cerca de mi casa.
¿Y la
inconsistencia? O sea, que tienes que ser chica mala (pa' buscar marido y si te
quedas embarazada no pasa nada y casi mejor) o bien ir al insti y a la
universidad; todo, todo, por cuestión de prestigio. No queda claro si se podía
hacer las dos cosas. O si todas esas del instituto que tenían que fumar y ligar
mucho llegaron alguna vez a la universidad y, en caso contrario, ¿se pasaron a
FP?
Contraseñas y memoria
Desde que abrí la cuenta corriente en Barcelona en la segunda caixa de mi vida, tuve apuntada la contraseña de la cuenta online en una chequ...
-
—Mira a ese hombre que entra con el conejo de peluche. Se subió un día a mi autobús cuando salía del trabajo en la oficina del correccional...
-
Hoy me he levantado feliz. Un poco de descanso, un poco de no hacer nada –tan necesario–, un poco de escribir. Un mucho de cantar –ayer tard...







