3/3/10

Microrrelatos

Microrrelato 2

Piso pequeño.

Para suicidarme con butano no necesito meter la cabeza en el horno ni que me quede en la cocina.

Si cierro las puertas del baño y de la sala, y dejo abierta la de la cocina y la de mi cuarto, puedo echarme en la cama tan ricamente. Y funcionaría.


Venezia en la oscuridad (100 palabras exactas)

En el baño del bar Venezia, un cartel pegado en la pared dice (no sé si refiriéndose a la luz o la cisterna):

“Sé ecológico/a”;

y alguien ha añadido debajo a boli:

“e , o, u, a, sí, hola”.

Y me quedo sin luz de tan ecológica que soy y ¡ay, que no sé donde está el interruptor (por lo visto un piloto luminoso no es ecológico), ni por qué lado se abre la puerta! Qué mala la oscuridad total. Por allí palpando a uno y otro lado, joder, hasta que encuentro no sé si el interruptor o el pestillo.


Lo que se sabe

Observo a la mujer con cara de india, o de gitana, con un moñito en la parte superior de la cabeza —pelo gris y un poco encrespado. Con pendientes de oro y una chaqueta acolchada, falda recta clásica, medias clásicas y unos zapatitos de medio tacón antiguos como toda ella, iguales que los que llevaba mi abuela Pepa. El cuerpo pequeño, el moño y los pendientes también me recuerdan a mi abuela.

No se sienta, creo que cree que no se lo merece. He visto la misma escena antes: entra en la cafetería de la panadería, pide en la barra un croissant y un café con leche y se queda allí lo justo para tomárselo. Apenas se apoya en la barra tampoco.


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