Desde que abrí la cuenta corriente en Barcelona en la segunda caixa de mi vida, tuve apuntada la contraseña de la cuenta online en una chequera que conservaba de mi época norteamericana. En el mismo cajón, siempre a mano, en la oficina. Siempre la miraba y no hice ningún esfuerzo por aprenderla.
En la época que mi padre estuvo en el hospital, y mi madre y yo nos quedábamos en una habitación alquilada cerca, recuerdo que un día tuve que entrar, desde el móvil supongo, porque estaba caminando. Caminaba hacia un centro comercial cercano. No había cajoncito ni chequerita. No sé por qué necesité comprobar algo y entonces, mi cerebro fue en busca del movimiento acumulado en mis dedos y sí: lo recordé claramente. Seis cifras, agrupadas en mi mente en dos, tres, un dígito.
Desde entonces, la he estado usando sin mirar más la chequera. Han pasado 10 años casi exactamente.
Hoy, al ir a entrar desde el ordenador, no me acordaba. Pánico. Duda. Acojone. ¿Por qué? ¿Me hago vieja, estoy fatal? Preguntas.
Sólo sabía que tenía alguna relación con mi DNI, que uso para la primera parte. Pero no era capaz de recordar los tres grupitos.
La misma chequera, otra cajonera, no tan eficaz en otra oficina muchísmo menos eficaz, primera página.
Recuerdo inmediato. Toda la lógica. Supongo que me acordaré otra vez. Pero ¿por qué pasan estas cosas? ¿Por qué precisamente hoy?
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