16/5/22

Prefiero pescar a cazar

 

Intro:

A propósito de la charla que dio Txema Salvans en Foto Colectània, pensé todo esto.

Las cosas entre comillas son literales del fotógrafo:

“l’aprenentatge amb el temps i la degeneració del cos”. 

De més jove era “caçador”, buscava el moment (en el projecte Nice to meet you [https://txemasalvans.com/work/nice-to-meet-you/”) i disparava. Ara diu que es pescador, la diferencia entre buscar activament una víctima i esperar i observar.

Desarrollo:

Ahora comprendo, pues, por qué no debo sentirme mal si no puedo volver a estar cazando pequeños proyectos en campos nuevos, como editar x o y con una herramienta nueva, hacer o editar subtítulos con otras herramientas más nuevas, ajustar traducciones para doblaje, transcribir la pronunciación de palabras en un nuevo sistema adecuado para ordenador que acabo de saber que existe, pensar cómo cobrar por palabra ese trabajo que aún no sé hacer (yo era un crack en fonética, pero tendría que estudiar cómo se traslata el antiguo alfabeto fonético internacional a este nuevo X-SAMPLE). Pre-editing, es lo último. Que hasta casi me gusta, pero he ganado en una semana unos 30 euros brutos en dos ratos. Cosas así son las que me proponen: más pruebas, rellenar formularios, trabajar casi en plan becaria recién salida del horno. Casi me recuerda a lo de poner capuchas a los bolis BIC a peseta por capucha. 

O aceptar un proyecto de la empresa de siempre solo porque la tarifa parece buena sin poder pararse a mirar el original porque, si no, alguien se lo lleva inmediatamente. Prisas, rápido, todo rápido, tener múltiples cosas en la cabeza todo el tiempo.

No era eso lo que tenía pensado para mi madurez como traductora.

Sé que tenemos que adaptarnos a los tiempos, pero, dadas las circunstancias, prefiero adaptarme hacia otro lado, aunque no tenga nada que ver con la traducción. Porque hacer cosas “alrededor de la traducción” no era un sueño de mi vida.

Soy consciente de que si hubiera elegido ser peluquera, que era mi primer sueño laboral, igual ahora lo tendría jodido también con tanta competencia. O con el túnel carpiano. Pero como sería buena, trabajaría y después me iría a casa y descansaría. En esa línea voy en mi búsqueda estilo pescador de nuevas oportunidades.

Si he de romperme los cuernos, dejarme la vista y las neuronas, para ganar poco, de momento me puedo quedar como estoy, no tengo necesidad de enriquecer a más empresas o personas.

Mejor vivo y descanso un poco, aunque coma arroz blanco (integral, que es mejor para las señoras de mi edad).

El vídeo que grabé de una de sus frases en la pared de la galería (Transcripción y traducción al castellano abajo):


Perfect Day ens parla de la increïble resiliència tant física com emocional de la nostra espècie. En aquesta resiliència, paradoxalment, resideix la tragèdia de l'ésser humà. On altres espècies es rendeixen, nosaltres som capaços d'aguantar una mica més.

Perfect Day nos habla de la increíble resiliencia tanto física como emocional de nuestra especie. Paradójicamente, es en esta resiliencia donde reside la tragedia del ser humano. Allí donde otras especies se rinden, nosotros somos capaces de aguantar un poco más.

14/3/22

De vuelta en la época victoriana

Pues
para seguir con el post sobre lo que cuesta que te hagan caso si tienes dolores musculares en el sistema de salud, añado:

He puesto este título al post porque parece que lo de la histeria femenina no está superado.
Llevo meses sufriendo de intensos dolores cervicales (y después un brazo, luego el otro) y meses oyendo lo de "posa't escalfor" (a los cojones, diría yo), que si son los nervios, que si no te tomes antiinflamatorios, que si haz rehabilitación para no se sabe qué, que necesitas un osteópata (pa' mí, particular, aquí guardado bajo la cama, supongo)...*

Desde septiembre: dos veces de ir a urgencias del CAP y recibir medicación fuerte que ya no puede ser. Una rehabilitación por parte de una mutua mientras espero la rehabilitación de la Seguridad Social. Una navidad -y desde esa navidad- con la puta escalfor en el cogote.

Medio enero amargada. Un mes de febrero de baja.

Baja de autónoma que sabes que te dan el 60-75 por ciento de la base y aún pagas la cuota. Eso sí, para recibir este dinero te mandan unos PDF que rellenar que tú dices: "Joder, pero si estoy de baja porque no puedo ver más pantallas, más pestañas, más PDF..." y tardas como no sé cuántos intentos en rellenar el tercero, que no se guarda, y mensajito va y mensajito viene con la mutua. Esa mutua colaboradora con la Seguridad Social que todos los autónomos pagamos... para que luego nos estén presionando para que nos demos de alta. Es como un mini-tribunal médico. Encantador.
Baja porque me presiona el sector y el mercado, o la vida, yo ya no sé. Y luego presión por el otro lado.

* Lo del osteópata me lo dijo la señora doctora de esa mutua que te pincha que te des de alta, ni que fueras tú a arruinar a la Seguridad Social por los 300 euros que te quedan tras pagar la cuota (que llevas 15 años pagando).

Que la amable doctora que me dio la baja me mandó a la psiquiatra. Bien, eso lo gestionaron bien. Pero a electromiografía aún está pendiente (desde el 28 de enero). Entre tanto, después de las dos rehabilitaciones, hacer ejercicios por mi cuenta, mi yoga (que voy a parar de hacer ya porque ayer me dolía todo lo que tiene que ver con el cuello), no estoy mejor. Estoy peor.

El viernes voy a ver que me interpreten los resultados de una resonancia que me pedí por la mutua y en la que el traumatólogo supone que "no saldrá nada". Pues hijo, no sé lo que saldrá. Pero algo saldrá. Que espero que sea algo fácilmente solucionable. Y que si no es nada, y son realmente nervios, vamos a ver como lo soluciono, porque yo ya estoy harta de seguir todos los consejos de todos los profesionales sanitarios (y lo que es peor, a las personas random). Y de acudir y pagar a psicóloga, osteópata... La psiquiatra de la SS ahora sigue controlando la medicación (que no es más que un poco más de lo que tomaba antes) y, por un detallito que le conté dice (como digo yo), "sí, está relacionado con los nervios".

Sinceramente, estaba acojonada. Y ayer vi el informe que aún tiene que interpretar y contarme el traumatólogo, pero me ha dejado tranquila porque después de muchas cosas complicadas dice algunas cosas "dentro de la normalidad", y al no decir nada de hernia he descansado porque era mi peor miedo.

Porque yo intento hacer lo correcto. Mucho, demasiado. Intento tranquilizarme. Intento disfrutar de la vida, lo poco que se puede, pero se puede. Sí, disfruto. Los ratos que puedo. Pero ocho meses con un dolor que ha oscilado entre horrible y molesto no son algo que te ayude a ser positiva, que dicen otros. Que lo digo yo, que sé que es importante.

Pero cuando una persona racional e inteligente como yo tiene este dolor y lo dice e insiste y busca soluciones, quiere soluciones científicas. Y si no las hay, me voy ya mismo a firmar mi testamento vital -y del otro también-, porque a veces me dan ganas de gritar lo que Matías Prats. Que yo todo lo que tenía que hacer en esta vida, lo tengo hecho. Mira.


4/3/22

A little about feminismos y salud mental

Dos citas que he oído en la televisión pública catalana estos días que se relacionan con saludes emocionales.

Primero, aprendo Josep Pla parece que dijo: "observar és més difícil que pensar", que es una verdad como un templo y que nos llevaría a esto que actualmente se llama #mindfulness y que no solo es una moda, sino que es una necesidad en estos tiempos acelerados.


Segundo, y no menos interesante (aunque me haya hecho pensar más), en un reportaje sobre el bies sexista en la sanidad: "no és depressió, és opressió". Cito del link del programa en TV3, que las mujeres están "infradiagnosticades i sobremedicades".

Cosa que también me toca muy de cerca y les toca a muchas mujeres. No en vano el título del reportaje de #senseficció era "#Dona, vosté no té res!"


Donçs tenim. Tenim molt, de pressió i de coses bones també. Força i salut!

Julianne Moore

7/8/21

La "Sicop"

Esa puerta y esa escalera me traen al recuerdo:

-Los vecinos que vivían en el bajo súper bajo, escaleras hacia abajo, pero que tenían un balcón que daba a la otra calle.

-Los vecinos Angelita y Valero que tenían a las mellizas.

-Isabel y Agostí que se llevaban a mi hermana porque lloraba mucho, para que mi madre descansara.

-Ana Mari y su madre que se me llevaban a mí, también porque Eli lloraba mucho, y me ponían en una habitación con cojines y a veces también me ponían una goma alrededor de la cabeza por ver si se me aplastaban las orejas de soplillo.

-Una caja con gusanos de seda y los niños ahí observándolos en las primeras escaleras.

-Las acrobacias varias en ese gran escalón donde la planta. Como un minigimnasio.

-Cuando metí la cabeza entre los barrotes de esa puerta (no sé por qué en aquel momento no tenía cristales) y el carnicero del lado, Juan, tuvo que untármela de manteca de cerdo para poder sacarla.

En el lindar:

-Don Manuel Alegría diciendo: Sant Pau es el único sitio en donde os pueden ayudar. Y a mi madre que se guardara las facturas en el bolso sin mirarlas (Sant Pau era privado, entonces).

-Mi padre con los pelos del pecho blancos a los treinta y pocos, efecto, según decían, del sufrimiento.

Del piso:

-Que nací allí, literalmente, que en la época debía de ser algo ya extraño no nacer en hospital. Supongo que era la época unbral. Sé que ahora se ha puesto de moda parir en casa con comadrona, pero a mis padres les arruinó la vida.

-Cuando algunos vecinos venían a llamar a mi casa porque teníamos teléfono.

-Jugar en el suelo cuando murió Franco y no teníamos que ir a la escuela.

-Ir a la cama después de que saliera en la tele el anuncio de que “es hora de que los peques se vayan a la cama”.

-Mis padres y abuelos insistiendo en que cuando alguien cercano se ha muerto no hay que poner la tele ni escuchar música.

-Mi madre fregando el suelo (un tipo de suelo como el hidráulico pero menos elaborado, con aguas entre malva-rosa y blanco) y viendo una imagen de lo que más tarde le sucedería a mi hermano.

-El tresillo de escay granate con la parte del asiento marfil, y los rayajos de boli allí, sobre el marfil y en el pasillo.

-Mi padre con la mesa de empapelar y yo alucinando con la técnica (que no con la cola, que era al agua).

-Las carteras colgadas en la percha de salida, y pensar siempre en que nosotros no llevábamos Donuts.

 

6/8/21

Señora, mire hacia delante, o Los hombres me siguen explicando cosas:

 

Sale una a caminar para deshacerse del mal rollo laboral del día, cuando ni siquiera son las 6 pero el cansancio es de las 8 de la tarde. Hoy, para variar no voy para arriba sino hacia el gótico, paseo marítimo etc., buscando la sombra cuando veo que era temprano. Vuelvo por el born y, en una calle que es peatonal, bastante llena de gente para la época pandémica, estoy mirando hacia el interior de una peluquería (confieso), cuando casi me choco con un joven en patinete.

Él está casi enfadado y se siente con toda la razón para decir, “Mire hacia delante, señora”.

Yo, por inercia, “Ay, lo siento, perdona”, pero él, seguidamente, “Se lo he dicho cuatro veces”, y otro señor que iba cerca de mí en mi misma dirección, “Hay que ir con mucho cuidado”. 

¡No me digas!

Y vaya que voy con cuidado por las calles más civilizadas, con carril bici, que vas con cuatro ojos: uno para los coches, otro para las bicis, otro para los patinetes y otro para los demás vehículos varios con ruedas.

Pero no tanto, obviamente, por un sitio como ese, de los de mirar escaparates y tal. Solo alguna moto va por allí, y todos los vehículos sobre ruedas antes mencionados.

El chico joven. Hum. A ver, guapo, si me lo hubieras dicho cuatro veces, digo yo que me habrías visto medio kilómetro antes, y hubieras podido esquivarme. Además de tener la clarividencia de saber que, de entre todas las personas que había a lo lejos, delante de ti, que miras tanto, YO iba a estar distraída. 

Ay señor, santa paciencia.

A veces me dan ganas de quedarme en casa y no salir nunca más.

2/5/21

¿Que soy anti qué?

Estoy con un amigo examante que ha quedado con una joven prima suya. Que ahora tiene una niña de unos cuatro años, que tiene un padre que no conozco y bueno, al menos le proporcionó a la niña. Porque el culto al niño se ha despertado en las últimas décadas. Y a la maternidad o, como ellos lo llaman, la crianza.

Entonces la chica, haciendo conversación como toca, me pregunta si tengo hijos. Cada día me lo preguntan menos y me sorprende más, pero vale, aunque tenga aspecto de tener una edad, puedo haber tenido hijos hace veinte años. Yo digo simplemente que no.

Mi amigo, ni corto ni perezoso:

—No, es que ella es anti.

Yo, ojiplática.

No soy de reacción rápida. Así es que luego no puedo dormir por las noches cuando pienso en lo que tendría que haber dicho. ¿Anti qué? ¿Anti-niños, antimaternidad? Antigilipollez sí, ya te lo digo yo. De mí se sabe que no tengo hijos, que nunca quise tener, o al menos que nunca fue mi plan. Pero también he contado que en una época fantaseé con tener una niña y en cómo la podría criar en este piso tan pequeño. Que era sobre los treinta y pico e igual lo podrías atribuir a ese supuesto reloj biológico que fui a negar en un programa de televisión, pero que era más bien eso, una fantasía y la niña era específica y tenía que ser hija de otra persona específica. End of story.

Que también he dicho que ese era el plan. O el no plan. Desde la adolescencia. Así como mi hermana soñaba con casarse y tener hijos, yo soñaba con tener un trabajo y ser independiente. Como mi profesora favorita de todos los tiempos de la etapa de la FP. Pero también he dicho oftentimes que alguien (léase una pareja con todo el conocimiento y en el momento adecuado) me hubiese podido convencer. Y no habría sido la peor madre. Porque mi motivo para no querer tener hijos es que sé que es una tarea muy difícil, ardua y que no siempre sale bien, por mucho que te esfuerces.

Ahí es cuando lo de la “crianza” me pica. Me parece naïve la idea que tienen algunas mujeres de que si ellas crían sus hijos van a ser mejores que otros. No creo que funcione así. Hay muchos buenos padres, o ya no digo buenos, solo tienes que ver los tres hijos, pongamos de unos padres normales (tirando a buenos) que fueron los míos. Y los de cualquiera. Tenéis ejemplos por doquier.

¿No veis que todos han sido educados igual y luego cada uno es de una manera? ¿No veis que estamos inmersos en una sociedad que también es padre de ese niño? Y que, encima, si lo intentáis proteger de esa sociedad lo vais a volver imbécil?

Pues nada. Si el comentario de mi amigo me dejó atónita, la respuesta de la madre ya me puso la cabeza a rodar como una peonza que si no me la sujeto sale volando.

—Pero ella no tiene por qué saberlo —susurrando, casi no sé cómo no le tapó las orejas a la niña que, por otra parte, estaba por allí a su bola.

A ver. Señores. Primero, si ella pilló lo que quería decir él, igual soy marciana. Igual sí, ellos piensan que si no quieres tener hijos eres “anti-hijos”, anti-niños, o lo que ellos hayan entendido.

Pero que una no quiera tener hijos no la hace anti-nada. No existe ese concepto, como antiaborto, por ejemplo. Que sea pro-aborto no implica que quiera abortar. Pues lo mismo, si no quiero niños no quiere decir que sea anti-niños, a ver si me explico.

Pero esa reacción de esa madre. Vamos, es que, primero, que no soy anti-nada. Pero segundo, aunque lo hubiera sido. ¿Por qué no va a poder oírlo la niña, en qué la va a traumatizar que yo no haya procreado? ¿Va a ser más feliz sabiendo que NO todas las mujeres tienen que ser madres? ¿Será peligroso que sepa que hay esa opción? ¿Se va a extinguir la humanidad porque algunas mujeres no queramos parir?

No, ya te digo yo que no, porque la pulsión de reproducción es demasiado grande. Y, en todo caso, el mundo se va a extinguir precisamente porque los humanos lo estamos destrozando. Así que por favor. Tened hijos, educadlos como buenamente podáis, pero no intentéis protegerlos de las cosas “feas” de la vida, porque, you know what? Se las van a encontrar, y cuanto menos sepan de ellas más grande va a ser la hostia cuando se las topen. No les digáis que sí a todo. Dadles un umbral de frustración, que falta les va hacer en esta vida.

 

 

12/1/20

Modern Love antiguo


Despierta a las seis por una necesidad fisiológica o dos, agrega una coma en un lugar donde faltaba, lee un rato y tiene la mala suerte de estar aún despierta cuando el bebé mayorcito del piso de al lado empieza su conversación matutina con la madre. 

Por suerte no dura mucho, y puede seguir leyendo hasta que se le están cerrando los ojos cada dos líneas, y se encuentra a gusto con los ojos cerrados y sintiendo el silencio, escuchando además los latidos de su corazón. Escuchando dice porque no los oye, pero los siente tan fuertes que parece que se oyen. Le extraña la sensación de notar un órgano, ese órgano, tan presente. Deja el libro a un lado y se duerme al fin, mecida por el latido.

***

Se mete en la cama y una vez bien colocadita saca los bracitos para coger el libro y ve las mangas de la rebeca. Vuelve a salir para quitársela. Decide no leer sino acostarse de lado. Con la luz encendida. El silencio y la imagen que entra en su campo de visión le recuerdan a una película francesa. Cojines de varios colores en varias posiciones, unos guantes blancos, los de reposar la crema de manos, dejados caer. Y al final decide que hay que leer, leer esas cosas que le recuerdan por desgracia al último desamor. Al peor de los desamores porque fue supuestamente un amor inmenso que duró las coplas del aguinaldo. 

El teclado inteligente del móvil que se guarda tus palabras y tus tics... Usa las de otros también, le consta, pero las tuyas las guarda y te da las estadísticas si quieres. 

Pero lo peor ahora es que escribe “Hola” y le sugiere, siempre, “mi amor”. O escribe “te” y sigue, “quiero mucho”.


26/8/19

El jefe bueno

De cómo llamé "cariño" a uno de mis jefes una vez (el hombre más formal de todos), y de cómo lo morreé el día que celebramos mi despedida.

No fue malicia ni calentura. Fue de acuerdo con la historia de la empresa y mi empleo, lógico e inocente.

Después de todo, se puso de mi parte cuando decidí marcharme, era el único que tenía un poco de juicio en aquel manicomio.

Era en una inmobiliaria con dos jefes: uno petardo y el otro no tanto, y además muy atractivo, casado, esperando un hijo, clásico... etc.
Pues cuando me despedí (me iba a otro trabajo, el jefe petardo me quería retener con cosas como “¿y qué vas a hacer ahora”? [gracias por la confianza, machote] y yo no le dije que tenía otra cosa alineada, porque la verdad es que me iba porque odiaba trabajar allí).

Entonces me hicieron una comida de despedida, en un restaurante estupendo de Gavá, sorpresa, pero tiro que les salió por la culata, porque era del marido de una amiga mía. Me trajeron regalos, entre ellos un vibrador con luz en la punta y unas bragas comestibles.

Luego nos fuimos de chiringuitos y en un momento dado, allí por la arena, le pegué un morreo al jefe guapo y clásico.

End of story.


25/9/17

Un instante

Entré en la cocina cuando él estaba delante de los fogones. 
Le di un beso y le dije: "te quiero mucho". 
Porque había decidido que yo quería ser así y así fui. 
Porque algunas relaciones merecen la pena aunque solo sea por un instante.

27/2/17

Tópicos y complejos

La próxima vez que vaya a Madrid voy a instruir a mis amigas para que no digan que vivo en Barcelona. Digamos que vivo en Berlín. ¿Por qué siempre que vienes de Barcelona alguien intenta hacer que te sientas bien diciendo lo mucho que les gusta o cualquier otra gilipollez que no necesito oír? Yo he elegido Barcelona por razones que a nadie le importan.

¿Por qué se tiene la necesidad de comparar las dos ciudades? 

Todo ello viene a acabar en que la gente en Madrid es mucho más abierta. Mucho más fácil hacer amigos. 

Y entonces tú sonríes y dices: "De toda la vida". Porque si siguen pensándolo y recalcándolo, ¿para qué discutirlo?

Ayer el detonante fue (qué interesante, qué novedoso) que X ha vivido Y años en Barcelona y ahora en Madrid no le preguntan "¿Qué haces aquí?". Considera la hablante que el aquí es excluyente. Marcando territorio. Fíjate que malos los catalanes. 

Yo no soy catalana de nacimiento. Y, a un sueco en Barcelona, sí, le suelo preguntar qué hace aquí (más que por el aquí, por el a qué te dedicas). Si el nuevo es de Asturias. ¿Está más feo que le incluya el "aquí"? ¿Significa que lo estoy haciendo de menos? 

Si eliges para vivir cualquier otra ciudad de la geografía peninsular que no sea Madrid o Barcelona, nadie pregunta ni justifica ni se interesa. 

Pero date cuenta, hablante, que X hace año y medio que vive allí y tampoco allí tiene amigos. ¿Le sirve de mucho que no le digan el infame "aquí"?



Recorda

Sigues qui ets i no et vulguis assimilar ni pertànyer. No diguis allò que creus que l'altre vol sentir perquè possiblement t'equivoquis i algú t'haurà sentit arguments contradictoris sobre el mateix tema en moments diferents de la teva vida. I et coneixeran i no tindràs credibilitat. Ni personalitat.
Callar és bo. Escoltar i observar també. 
Somriu.

Contraseñas y memoria

Desde que abrí la cuenta corriente en Barcelona en la segunda caixa de mi vida, tuve apuntada la contraseña de la cuenta online en una chequ...